A punto de cumplir 82 años y afectado por una enfermedad que frena su producción literaria, el escritor Sergio Pitol no pierde su amor por el lenguaje, la herramienta con la que ganó el Premio Cervantes en 2005 y que considera “el espejo más fiel de los cambios del hombre”.

El también diplomático y traductor, en entrevista en su casa de Xalapa, en la cual hay 12,000 libros y objetos que le recuerdan a sus amistades, su vida de nómada y el Premio Cervantes de Literatura.

Para compensar su disfasia, una patología que le causa una severa dificultad para articular palabras, Pitol responde por escrito un cuestionario.

En sus respuestas detalla que justo cuando comenzó la enfermedad trabajaba en una novela que llevaría por nombre El triunfo de las mujeres y que estaba ubicada en una época anterior al Segundo Imperio, de Maximiliano de Habsburgo en México (1863-1867).

Pero también en la entrevista homenajea a grandes figuras de su generación fallecidas en los últimos meses, como al colombiano Gabriel García Márquez, al argentino Juan Gelman y José Emilio Pacheco, a quienes agradece haber legado “una obra riquísima que transformó el lenguaje de raíz”.

Férreo defensor del lenguaje, se muestra optimista sobre su futuro, pese a las dificultades actuales. “Me parece que vivimos en una época sepultada por la cantidad inverosímil de información que se mueve diariamente”, señala Pitol, para quien el gran reto de las futuras generaciones será “acotar, definir, crear una sintaxis para ese idioma salvaje que es la internet”.

En su opinión, el lenguaje “podrán tratar de banalizarlo, de prohibirlo, de aniquilarlo con una retórica carente toda de imaginación, pero éste siempre resurgirá, se transformará a cada paso, constituyendo el espejo más fiel de los cambios del hombre”.

“Pedro Salinas escribió que el hombre hizo el lenguaje; pero que luego el lenguaje, con toda su complejidad de símbolos, contribuyó a hacer al hombre. El futuro del lenguaje está ligado a nuestro futuro como especie”, remata.

También unidos al futuro de la humanidad están la juventud y sus movimientos de protesta, que él conoce bien por las andanzas con su amigo Monsiváis en sus años mozos.

“El papel de los jóvenes siempre es determinante para cualquier época. Durante los últimos meses hemos sido testigos de su fuerza, de su poder para movilizar a una sociedad que se encuentra en un momento muy delicado”, apunta.

Más concretamente se refiere al caso de los 43 normalistas desaparecidos hace tres meses en Guerrero en una acción coordinada entre autoridades locales corruptas y el crimen organizado, que sacudió la opinión pública nacional e internacional.

Pitol no duda en calificar lo sucedido como “la tragedia más grande de las últimas décadas en México”.

“Como el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) en 1994, Ayotzinapa significó el resquebrajamiento de la imagen (que se encontraba, en este caso, en la mente de nuestros políticos) de un país de reformas que avanzaba hacia el progreso, la estabilidad”, indica.

ESCRITURA. Pitol dice que todas sus obras las escribió a mano y en papel, porque siempre consideró que el lápiz es una extensión de su brazo y de sí mismo.

La máquina de escribir y, luego, la computadora, fueron sólo un instrumento para trasladar sus obras a las nuevas tecnologías.

En un enorme librero en su dormitorio están todas sus obras escritas en español y traducidas al italiano, ruso, inglés, húngaro, chino, polaco y árabe.

Entre éstas, El desfile del amor, Domar a la divina garza y Trilogía de la memoria son sus preferidas por el placer que sintió al escribirlas, confiesa Pitol, que sin embargo se muestra inconformista.

“Hay escritores que al publicar un libro lo consideran algo ya definitivo, al que no puede movérsele ni una coma, pero ese trabajo no termina nunca”, agrega.

Emocionado, muestra imágenes que evocan aquel año 2005, cuando recibió el Cervantes de manos del rey Juan Carlos, posa para el fotógrafo junto a baúles de viaje y se despide afablemente desde el balcón de su vivienda.