Con ese apodo ambos nos conocemos y algunos se sorprenden cuando en plana calle nos gritamos y nos saludamos como amigos que somos, siempre sonrientes, bromistas y con el clásico apretón de manos amigas.
Escribir sobre él no bastan unas cuantas líneas, porque su vida en el medio periodístico ha sido decorosa, porque como conductor de noticieros televisivos, de reportajes y, hasta como participante de los buenos en un movimiento social en los años 90 en Tamaulipas, hacen que regresen a mi mente momentos en que él fue una pieza clave para alcanzar la victoria.
Sobre esto último me quiero detener, porque se trató de un movimiento un tanto rebelde contra el gobierno federal, concretamente contra la Secretaria de Hacienda y Crédito Público que autorizó la nacionalización de vehículos americanos en Chihuahua, mientras que a Tamaulipas – repleta de esos autos chocolate- la dejó olvidada.
Como un día cualquiera, sentados en la planta baja de Palacio de Gobierno en Ciudad Victoria, cinco reporteros hablamos sobre las amenazas que lanzó la federación de decomisar y detener a los propietarios de esas unidades por el delito de contrabando, se me ocurrió lanzar una propuesta. ¿Y si armamos un movimiento de protesta para combinar la labor social con el periodismo?, les dije. Los compañeros me tacharon de loco, porque desafiar al gobierno federal desde Tamaulipas, no es un juego.
Luego cambiaron de opinión y accedieron, por lo que dos días después convocamos a la pinta de vehículos con letras blancas y grandes a un costado del estadio local. A eso de las 8 de la mañana solo seis vehículos se detuvieron al aceptar la pinta: “PORQUE CHIHUAHUA SI Y TAMAULIPAS NO”. NACIONALIZACIÓN.
Ese mismo día, ya por la tarde. Eran cientos de vehículos circulando con esa leyenda y realizaban caravanas en pleno centro.
Y los periodistas se sumaron y ya no eran cinco, sino docenas, entre ellos Manuel Aguilar González, ex vocero de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, que hoy dirige Dámaso Anaya Alvarado, quien como locutor de Canal 10 con cámara y micrófono en mano apareció en el movimiento firme y decidido para hacer valer una demanda justa.
Bien recuerdo que se tomaron oficinas federales, se persiguió a los elementos fiscales, se quemó un vehículo y se bloquearon carreteras, porque al movimiento se sumaron dirigentes de los partidos políticos, menos del PAN.
Y fue Manuel, si “El Pillo”, quien encaró a Pedro Aspe Armella, secretario de hacienda y le pidió que atendiera esta demanda porque beneficia a los ciudadanos de escasos recursos que usan a diario esas unidades. Solo “no” le contestó el funcionario, porque es contrabando.
Alcaldes de varios puntos de Tamaulipas se sumaron a la protesta que nació en Ciudad Victoria y se recrudeció la situación, al grado de que en otros estados, como Veracruz, Nuevo León y San Luis Potosí, hubo decesos y personas heridas que hicieron suya esta demanda,
Y los canales de televisión nacional y de esta capital tamaulipeca-entre ellos Manuel – colaboraron para que esta situación creciera y saltara las fronteras, por lo que dos meses después del inicio de la protesta la federación cedió y tan solo en Tamaulipas se nacionalizaron 75 mil vehículos extranjeros.
La sonrisa regresó al rostro de los padres de familia y las caras llenas de agrado de mis compañeros periodistas como Cuquis, Gaby, Aníbal y muchos más que participaron en esta descomunal protesta, nunca las voy a olvidar.
Pusieron su vida en peligro, pero descubrieron que el periodismo y la labor social son capaces de ir de la mano.
Ahora Manuel es Doctor en especialidad para la enseñanza en español que y después de ser vocero de la Máxima Casa de Estudios no se sabe que camino tomará, porque además de “pillo”, tiene lo suyo.
Tal vez pocos sabían de esta aventura de Manuel Aguilar González.
Pero es de sanos, contarla.
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