En estos momentos se encuentra mi amigo Wicho sentado frente a mí, anda medio pedo y no sabe ni qué quiere, yo me hago pendejo escribiendo estas líneas para que no me vaya a pedir dinero, ya que moralmente me siento obligado y personalmente, no quiero que eso llegue a suceder, pues me vería en la necesidad de negárselo a sabiendas de que me sentiría mal conmigo mismo.
Wicho, el albañil, es una persona con excelente sentido humano, quien le ha arrancado a la vida más que vida al desarrollar su propio esfuerzo y no alinearse a los designios laborales de la inmensa mayoría, es un humano con defectos y virtudes (y uno diría quién NO?), pero dado su trabajo alejado de los grandes avances tecnológicos de la actualidad, poco le importa.
Es un albañil que nace, vive y crece a la vieja escuela, trabajando y viviendo hasta donde puede vivir geográficamente una persona nacida en este país de mierda en donde todo confabula para tener a la mayoría de sus ciudadanos en un grado de sobrevivencia, para que unos pocos puedan tener acceso a todo lo que la humanidad crea y proyecta en lo mas avanzado.
Wicho no necesita de viajes, de conocer más allá de la ciudad y el estado que lo vio nacer, él simplemente con tener trabajo, amigos,`una familia, es un hombre contento, es de las personas que con poco o muy poco viven felices… aquí está, observando cómo escribo, lo veo con el rabillo del ojo y sigue serio, medio pedo mirando la agilidad con que aporreo las teclas de la computadora, y enseguida se levanta sonríe y se despide, diciéndome: “te dejo trabajar hay nos vemos”. Sale de la habitación y se pierde en la inmensidad de la calle, se acerca Toño y me dice: “no le pidió un raid, ya iba para su casa y anda a medias aguas”… contesto, no, no me dijo nada…… !Me sentí mal, ya que la distancia a su casa era mucha!… en fin, pensé, ya habrá tiempo de resarcirle mi orfandad.