Era común, todo el mundo sabía y se decía en voz alta. En cada elección, hasta no hace muchos años, había un gran elector que imponía candidatos en cada partido. ¿Lo había o lo hay todavía?

Lo cierto es que los partidos despertaron a lo que siempre han sido. No conocen el fondo de la democracia. No están preparados para definir la nueva estrategia.

Sin embargo. Una vez que el poder político se diseminó en grupos y grupúsculos al interior de la república mexicana, estos asumieron su papel y se empoderaron en las distintas regiones. Hoy, casi de manera lastimera, en las puertas de una nueva hegemonía nacional, buscan encontrar el hilo que los amarre al poder que ven perdido.
Con la nueva tendencia nacional. En lo general, el cerco más influyente sin lugar a duda, en torno a las elecciones, será la figura del señor presidente.

Las elecciones locales que se desarrollarán en 5 estados del país, el próximo domingo 2 de junio, contienen sustancias muy novedosas para los ciudadanos y muy particulares para los tamaulipecos.

Muchos mexicanos vieron la caída del anterior régimen presidencial como una posibilidad de cambio, y así la siguen viendo; en lo que otros, con sus razones personales, ya no la tienen tanto.

Como sea. El simple hecho de que un presidente haya llegado por un partido distinto a los tradicionales, rompe una hegemonía y mueve el interés en los procesos electorales. No nos podemos quejar. Las cartas estarán sobre la mesa. Hay nuevas reglas. La reciente reforma que castiga con mayor precisión delitos electorales es la sal en las urnas para las regiones cuya votación era adquirida por un grupo o un cacicazgo.

Al menos en lo que va del siglo, la cosa pública se rifó entre los partidos PRI y PAN, que terminaron por alinearse en la derecha cuyo contenido incluía a partidos satélites y transitorios.

Algunos de aquellos partidos prevalecen, arrastrando la misma cobija, incluso con sus eternos dirigentes o líderes “morales” que saben cómo “fintar”, ceder, arreglarse y operar mediáticamente para descalificar a un adversario. Se sabía que muchos de ellos cobraban en una oficina de gobierno, en el caso Tamaulipas, en la secretaría general de gobierno.

Lejos de aquellas negociaciones “en lo oscurito” como solía decirse, o de la juerga lingüística que inventó el pasado régimen para referirse a sus triquiñuelas en el poder; hoy, ante la posibilidad de un parteaguas político en el país y de un rompimiento generacional, los grupos políticos que convergen en MORENA de Tamaulipas tienen que asumir la responsabilidad de democratizar al partido. Esto también, más allá de las jornadas con que se renueva una dirigencia, y de transparentar y hacer accesible los servicios y la información a su militancia.

Parteaguas sería si MORENA lograra romper la no grata sensación de que los partidos políticos se “arreglan” por un peso o a cambio de una posición política reivindicadora para un particular.

Hoy, por sobre el interés mezquino y particular del dinero, gracias a la nueva coyuntura, prevalece el deseo de ganar una elección y de proponer un buen candidato. Sin embargo, o tal vez por ello, aún circula por las calles el fantasma de la “arreglación”, ese germen sembrado en los políticos que siendo, muchos de ellos, los mismos del reciente régimen, no se ve por qué cambien de manera espontánea y hacerse buenos de la noche a la mañana.

En Tamaulipas, es curioso hoy en día, cuando no debe haber un acuerdo a espaldas del pueblo, según las nuevas reglas, pareciera que lo hubiera. La mayoría de los candidatos de enfrente -respecto a los candidatos del PAN que tiene el poder en Tamaulipas- son muy débiles o de posición política “vulnerable”como para ganar por sí mismos.

Aunque no se quiera, gran parte del peso específico del voto, recaerá- como antes lo fue en las despensas- en el voto obtenido con sentido económico a través de los apoyos del gobierno de la 4a. transformación. En ese sentido, no sería raro que los gobiernos estatales de la hoy oposición hagan lo propio en obras y en toda clase de dádivas.

El país de pronto, como dicen algunos, pareciera querer ser más de lo mismo. Tal vez sea la inercia, pero por el bien de los mexicanos, que la tentación del poder no corrompa.

Al interior del partido MORENA, que es el que tiene al hombre en el poder presidencial, la figura de López Obrador es un enorme peso. Inevitablemente, quienes lo dirigen, pues no es uno solo, basan su poder en su cercanía con el presidente. Como ha sido siempre. Es decir, no son líderes naturales.

A lo lejos, se observa la confrontación de los poderes que asumen el liderazgo de MORENA, y ninguno de los dos decide aún con libertad de acción, sino que hay un ejercicio paralelo en la dirigencia nacional a cargo de Yeidkol Polevnsky y Alejandro Rojas Durán, quien acaba de renunciar al senado para buscar la dirigencia de este partido.
Ambos, se disputan el poder en el partido y se muestran, dedican su interés a las próximas elecciones locales y por lo pronto convirtieron la elección interna en Tamaulipas en un innecesario campo de batalla, como si no bastase con dejar fluir la democracia.

Por otra parte, la caballada que presenta MORENA para el 2 de Junio es flaca, como se dice en el argot. Pero al analizar las posibilidades con las que cuentan para ganar en todos los distritos, viéndola fríamente, son muchas.

El “hándicap” más importante a favor de los “morenos” en Tamaulipas será lo que de hoy en adelante se pudiera asemejar al viejo PRI: la inclinación hacia alguien, la insinuación y el espaldarazo del señor presidente. La entrega de recursos y similares, muy oportunos, en las manos de los electores. Sin olvidar que esto pudiese tener contrapeso en algunos estados, en la versión más opositora del caso.

Una prueba bastable es el actual conflicto entre Yeidkol Polevnsky y Alejandro Rojas Durán, por la cúpula del partido. Ante la ausencia promisoria de un factor para dirimir controversias, ambos abrieron un campo de batalla con imposiciones y madruguetes en algunos casos.

Pareciera que el poder de Yeidkol sobrevive sobre las fuerzas de este partido, pero no es así. La reciente renuncia de Rojas Durán al senado para buscar la dirigencia nacional de MORENA, aporta a la novela. Ayer, el hoy ex senador hizo una declaración que puso en el estribo la situación de MORENA:
“He decidido renunciar a la comodidad de mi puesto en el senado para ir en defensa de mis convicciones, principios e ideales”. Con ello, Rojas Durán busca recorrer el país y alistarse para el próximo congreso nacional de MORENA, donde buscará la dirigencia. Y ahí mismo señaló abiertamente que “Polevensky busca mantener el control de la dirección, cuando MORENA es de mil colores, y de actuar de forma autoritaria y antidemocrática, tal y como lo era su padrino y maestro político Carlos Salinas de Gortari”.

Al parecer, sin ser completamente cierto, MORENA se divide y naufraga, y, ante eso: ¿Será capaz el señor Obrador de contener la tentación de convertirse en el gran elector de su partido, acaso ya lo es?