Cuando navego por Internet y entro a sitios de contenido público y redes sociales donde cualquier usuario puede dejar mensajes me sorprende ver la cantidad de insultos que personas completamente desconocidas se dicen entre sí solo por no compartir gustos, ideologías o tener opiniones encontradas. Porque así como Internet ha sido un medio para contactar personas y entablar relaciones que pueden llegar hasta el matrimonio,  también es un espacio por el que individuos pelean y se insultan a diestra y siniestra. Basta con entrar a Youtube, cualquier red social o blog para darse cuenta la capacidad de las personas para pelear desde la pantalla de manera pública y visceral. De los insultos que las personas se propinan el que más me llama la atención es que se le diga al otro ‘ignorante’ para invalidar su opinión y no prestar atención al argumento contrario.

Ignorar viene del latín ‘ignorare’ y significa ‘no saber’, contrario a su uso como ofensa en un sentido epistemológico la ignorancia es el principio del conocimiento ya que a lo largo de la historia del saber todo empieza por ignorar. Si revisamos la historia de la ciencia encontramos que los mayores descubrimientos venían precisamente del desconocimiento de tal o cual fenómeno. Por ejemplo, a  los que se les llamaba filósofos en la antigüedad se les denominaba de esa manera porque amaban o eran amigos (filos) del saber (Sofía) y esto no significaba precisamente que fueran sabios de nacimiento, sino que tenían inquietud por conocer, investigar y explicarse a sí mismos y al mundo como funcionaba el universo, la mente, el cuerpo, la sociedad, entre muchas otras cosas que hasta la fecha siguen siendo objeto de estudio en la investigación científica.

Actualmente tenemos una gran cantidad de información sobre diversos temas que hasta hace unos años eran completamente desconocidos e incluso las áreas de conocimiento cada día se multiplican y se especializan de manera que el completo manejo de todo el conocimiento es una tarea imposible. Se dice que cada 5 años se duplica el saber, así como también hay conocimientos que van quedando ‘obsoletos’. ¿Podemos entonces pretender que ‘lo sabemos todo’? Ya Albert Einstein decía “Todos somos ignorantes, pero no todos ignoramos las mismas cosas”

Stephen Fry, en el prólogo al simpático “Pequeño gran libro de la ignorancia” dice: “Necesitamos una tesorería, pero no de conocimientos, sino de ignorancia. Algo que no nos ofrezca respuestas, sino preguntas. Que arroje luz, pero no sobre los hechos ya archisabidos, sino en los rincones oscuros y húmedos del desconocimiento”. Para las personas que se dedican a la investigación encontrar ignorancia en un campo del saber es una mina por explorar, de hecho si no fuera por la ignorancia que va acompañada de la curiosidad y las ganas de investigar nada en ciencia fuera posible.

Así que la próxima vez que se le trate de insultar diciéndole ‘ignorante’ piense que no es una ofensa, sino una manera de reconocer que en usted está la capacidad de aprendizaje y de crear conocimiento.  Por otro lado también seamos honestos y reconozcamos nuestra propia ignorancia porque vamos, hasta el mismísimo Sócrates decía “Solo sé que no sé nada”.