Qué ganotas de ser el morrillo que corría por la privada y cruzaba la calle 16 para reunirme con la pequeña banda del moco verde que apenas podía con su alma. Y a pesar de todo nosotros representabamos de alguna manera a la colonia.

La gente sabía que llegado el momento nosotros teníamos información precisa. Pululábamos la noche, mordíamos la oscuridad pantanosa de la periferia y corríamos como las piedras cuando aún no estaban pavimentadas las calles. Sabíamos cuál famoso licenciado llegaba por la noche a visitar a la vecina más guapa poniendo en peligro lo que tenía, qué si no era valor no era nada .

Nos agarramos a pedradas y nos descalabraron, nos goleaban los mayores en partidos que terminaban por ser muy disputados en cuanto al número de patadas por vato. Entre patadas dadas y recibidas no había resiliencia porque todavía no la inventaban.

Todo eso con un total de 3 pantalones, dos camisas y una playera blanca que había sido de cuando el carnal cumplió el servicio militar. Tuve dos balones que se esfumaron a puros tiros directos, por que le pegabamos con ganas, como si el ahora o nunca no existieran, una patada con bastante enjundia para que el balón haga curva y se meta en el ángulo de la ventana del vecino. Eso estuvo feo.

Era fácil pasar de héroe a villano el día que entregaban las calificaciones y tus padres ponían al descubierto al niño que en realidad eras. Vete a dormir y luego hablamos, pero no tenias sueño.

En la escuela con los que te llevaras eran zapes si te descuidabas, lucha libre con candado al cuello y piquetes a los ojos que te dejaban ciego por un rato, por los efectos del VaporUb.

Guardamos las canicas en lugares insospechados y al buscar encontramos canicas no perdidas en sitios bastante lógicos. La burrancona, las de barro, la canica cristalina de la puntería. Estás enfrente del espejo, oyes decir de chavos bien brazas para tirar de lejos con basta puntería. No podías descuidar una jugada porque te quebraban la canica, con la resortera en la bolsa del pantalón y dos piedras reglamentarias.

Estuvimos en la última escuela ubicada al norte de la ciudad. Los patios eran de tierra al aire libre y la tierra arenosa la aplacaba el conserje con una manguera antes de salir al recreo. Ganas de buscar la pelota, saber donde está, quién la quiere y dónde pedirla para meter el gol de ese día.

Ya habíamos iniciado nuestra carrera delictiva entre comillada: travesuras ingenuas que nos llevaron al cadalzo, a la línea de los castigos, tocando alarmas de casa, y traíamos una bola de mañas y arrepentimientos todavía chavos.

Qué ganotas de empezar a ver de nuevo el sol sin edificios y casi a la intemperie. Que ganotas de correr libre sin el equipaje de los años, unos más pesados que otros, que todavía los traigo para olvidarlos. Ganas de nuevos descubrimientos, de encontrar sorpresivo asombro en los ojos bien brillosos. Mas lo que llega son recuerdos, memorias borrosas y lagañosas

Fueron asombro el primer lápiz Scribe sin resorte pues estaban más baratos, los cuadernos polito, los sacapuntas quiebra puntas, los ovillos y avioncitos de papel, el mesabanco con dos plazas, la inquebrantable maestra cuasi perfecta, el director serio hasta que llegaba a su casa en una chevrolet 1960.

Me he puesto en Ia portería donde antes estuvo. Hoy es un cerco de alambre que evita que salga un perro de raza. Ya no hay solobinos ni criollos, callejeros ni firulais. Todos son de caché. Intento un último gol de chilena como en el real Madrid, inmerecido para el barrio de esta colonia… y eso sigue siendo la vida.

TENGO OTROS DATOS

Destacan jóvenes tamaulipecos en conferencia científica internacional en Tailandia

Propuestas innovadoras para solucionar problemas o situaciones que afectan la vida de las personas fueron las que dos jóvenes tamaulipecos presentaron durante su participación en la Conferencia de Jóvenes Científicos de Asia-Pacífico, celebrada en Tailandia, donde fueron reconocidos por sus proyectos.

Julio Martínez Burnes, director general del Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología (COTACYT), informó que Ian Rafael Morales Villanueva, del Instituto Cultural Tampico, y Yahir Alejandro Flores Montellano, de la Secundaria Técnica 4, Gral. Lázaro Cárdenas, en Matamoros, destacaron con sus proyectos, obteniendo galardones internacionales por sus innovaciones en un encuentro en el que participaron más de 45 proyectos de estudiantes de una decena de países.

Explicó que Ian Rafael presentó el prototipo de un parche biomimético para la regeneración ósea controlada, proyecto que propone diseñar y fabricar un modelo experimental de parche especial inspirado en la forma en que los huesos se reparan de manera natural. El parche se crearía con materiales seguros y biocompatibles que imitan la estructura interna del hueso y pueden colocarse sobre una fractura o lesión para protegerla y apoyar su recuperación.

HASTA LUEGO