La última vez que Donald Trump fue presidente de Estados Unidos, rumores sobre redadas de inmigración aterrorizaron a la comunidad de Oregon donde Gustavo Balderas era superintendente escolar.

Se corrió la voz de que agentes de inmigración tratarían de entrar a las escuelas. No había nada de cierto en ello, pero el personal escolar tuvo que encontrar a los estudiantes que estaban evitando ir a la escuela y convencerlos de que regresaran a clases.

“La gente simplemente comenzó a eludirla y esconderse”, dijo Balderas.

Los educadores de toda la nación se preparan para la turbulencia, independientemente de si el presidente electo cumple o no su promesa de deportar a millones de inmigrantes que están en el país ilegalmente. Incluso si sólo habla de ello, los hijos de los inmigrantes sufrirán, reportaron educadores y observadores jurídicos.

Contra el desarrollo

Si “constantemente amenazas a la gente con la posibilidad de una deportación masiva, eso realmente inhibe la capacidad de las personas para funcionar en la sociedad y para que sus hijos obtengan una educación”, dijo Hiroshi Motomura, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de California, campus Los Ángeles (UCLA).