Recién tomo posesión el nuevo Papa Francisco, declaro que su pontificado estaría marcado por la humildad, enfocado en pobres y olvidados.

En su primera misa ofrecida en Roma, cambio su sillón de oro por un sillón blanco, emblema de humildad. Es usado durante las audiencias generales, por el Sumo Pontífice, quien pidió que, el modesto asiento, sea ubicado en lugar del lujoso trono papal. Además, decidió remover la tarima y se ubica a la misma altura de los demás cardenales.

Esta, es una muestra de la sencillez con la que deberían vivir todos los sacerdotes de la Iglesia Católica. No con cadenas de oro, con autos lujosos y ostentando muchas cosas innecesarias

Aquí en la capital tamaulipeca, el Obispo de la diócesis de Victoria, Antonio González Sánchez, es uno más de muchos obispos que viven como ricos y que de humildes no tienen nada.

Basta con echarle un vistazo a la mansión donde reside, en una de las zonas más exclusivas de Ciudad Victoria, cercana a la del gobernador y de fraccionamientos exclusivos.

Así son todos los obispos actuales, sujetos que viven como millonarios, con muchos excesos y que están muy lejos de ser verdaderos líderes religiosos.

Ah, y ello son contar los anillos y pulseras de oro, que atenazan el cuerpo de don Antonio. ¿Estará dispuesto el señor Obispo a cambiar su camioneta del año, por un carretón de mudanzas, como los que prestan sus servicios en el boulevard…?

La Semana Santa y el alcohol

La Semana Santa, es una bonita conmemoración y tradición cristiana que cada año representa la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro señor.

La fe del cristianismo está más vigente que nunca en esta semana y a los que creemos en dios, nos sirve para reflexionar y sanar nuestras heridas espirituales.

De esa manera tendría que interpretarse esta época religiosa, para estar tranquilos en nuestras casas, agradeciendo a dios todo lo que nos da, para pedirle en nuestras oraciones que cese este infierno de violencia que se llama Tamaulipas.

Lástima que para la mayor parte de la sociedad, esta semana solo sea una excusa para emborracharse y caer en los excesos de este mundo contemporáneo que está podrido.

Seguramente los depósitos de cerveza harán su agosto en estos días, la gente se volcara a comprar bebidas y al ritmo de música grupera se ahogaran de ebrios.

Las playas y los ríos se abarrotaran de jóvenes decadentes, que solo piensan en sexo y alcohol. Atrapados por un sistema político, que no tiene actualmente jóvenes con ideales, rebeldes, que cuestionen al gobierno, que propongan un cambio.

En fin, ojalá y le demos el sentido que se merece a esta época, que nos sirva para mejorar y no la veamos como una excusa para excedernos… No mezclemos la Semana Santa y el Alcohol.