El primer catálogo que conocí sobre patrimonio histórico de Tamaulipas fue el publicado por el INAH en 1986; desde entonces no se había hecho en el estado un trabajo de esa magnitud hasta el sexenio pasado; a pesar de que, en letra muerta, el Congreso promulgó hace algunos años la Ley de Patrimonio Histórico y Cultural y recientemente la Ley de Fomento a la Cultura donde se incluyó un apartado sobre el asunto.
Todo esto sucedía en los documentos, mientras los edificios y otros testimonios que daban cuenta del pasado se desmoronaban, desaparecían o bien eran derruidos por la noche para que el INAH no clausurara la obra. A la vez, los presidentes municipales y otras autoridades se la pasaban instalando placas y declarando patrimonio histórico a edificios de particulares, quienes en aras de que el gobierno aportara dinero a su conservación, permitían la propaganda. En síntesis, mientras el patrimonio se destruía, las autoridades seguían con su fiesta de simulación.
Este desafortunado destino de nuestra memoria monumental, tal vez tiene su origen en la creencia de que en Tamaulipas no hay nada que valga la pena conservar como en el centro del país, donde existen grandes palacios coloniales.
El avance en la valoración del patrimonio cultural por parte del estado ha sido por décadas poco significativo, no solo por la indiferencia de la sociedad, sino también por la indolencia de muchas autoridades que no hicieron su tarea o no la han hecho bien, porque todas las acciones en pro del patrimonio no se reflejan en monumentos restaurados que den identidad a las comunidades que los poseen.
No existen por ejemplo, comités que evalúen y seleccionen los monumentos que deberán ser considerados parte del patrimonio de los tamaulipecos (como lo establece la Ley), su selección se realiza de manera discrecional.
El sexenio pasado, el ITAVU realizó un nuevo catálogo de patrimonio histórico del estado, resultaba increíble la cantidad de cosas que enumeraron como patrimonio. Para tener una idea baste decir que para el municipio de Victoria aparecían más de 180 monumentos clasificados.
Desconozco los criterios de quienes elaboraron esta lista, pero era vergonzoso ver en ella hasta las estatuas mal hechas de algunos héroes, famosas entre los victorenses precisamente por su fealdad. Además su información solo se reducía a las características técnicas de la construcción despojándola de toda memoria histórica, origen y sentido de su importancia. En otras palabras, hicieron mal la tarea.
SEDUMA acaba de presentar los tres primeros catálogos de los municipios de Soto la Marina, González y Padilla que realizó sobre patrimonio histórico, ignoro, (porque fue un evento protocolario donde vimos el material en CD de lejos) si estos son continuación de los que el ITAVU hizo el sexenio pasado o ya están corregidos.
Se anunció que más adelante se presentarán los otros municipios y así poder completar el patrimonio histórico de Tamaulipas. Lo cierto es que estos catálogos solo son listas de construcciones que en términos reales no sirven si no se rescatan, preservan y se vinculan con la sociedad que las posee.
Hace algunos días leí un artículo del maestro Joan Santacana experto en patrimonio cultural donde reflexionaba sobre la importancia de la destrucción de la memoria histórica: “Un pueblo puede perder sus monumentos, puede ver destruidas sus colecciones de arte y saqueados sus museos y ello, sin duda alguna, constituirá una tragedia cultural y humana, pero si este grupo humano mantiene vivos los valores que le hicieron levantar los monumentos, las normas en las que se apoyaron, las tradiciones en las que creyeron, probablemente su patrimonio cultural podrá ser rehecho y reconstruido, aunque para ello tenga que utilizar los escasos restos materiales que se salvaron de la destrucción.
Y es que lo importante es la cadena de valores en la que se apoya la cultura del grupo humano. Y es que el valor de lo inmaterial no reside en los monumentos, las colecciones o las manifestaciones culturales, sino en las técnicas, los conocimientos, los conceptos de belleza o de fealdad, los valores estéticos, morales o incluso religiosos que hay detrás de todo ello.”
En esta reflexión y después de ver lo poco que en Tamaulipas hemos hecho en la materia cabe la pregunta si en algún momento podríamos avanzar a este nivel de conciencia histórica, más allá de las listas e inventarios.
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