La colonización de lo que ahora es el norte de México costó y tardó más que la llamada conquista de los pueblos del sur. La Historia oficial, esa que nos cuentan en la primaria, ha pasado de largo este episodio y cuando habla de la llegada de los españoles a México solo nos relata la conquista de Mesoamérica como si esta fuera un todo y un patrón general que se hubiera repetido en todo el territorio de lo que ahora conocemos como México. Sin embargo, el norte y específicamente la Costa del Seno Mexicano hoy Tamaulipas fueron un caso aparte.

La tarea de explorar y habitar el norte fue una actividad que tuvo costos tanto monetarios como humanos muy altos para la corona española, no por nada la última colonia asentada en este territorio fue El Nuevo Santander hacia el siglo XVIII. Las dificultades para lograr este cometido fueron, entre otras, la presencia de indios que atacaban y asaltaban las colonias recién asentadas. Philip Powel y David Weber, autores de varios libros que tratan sobre este tema nos cuentan cómo es que el proceso de penetración y colonización tardó en lograrse, así como también dan un recuento de la situación social y las tensiones que existían durante esta época en el septentrión novohispano.

Menciono todo esto porque en mis últimos viajes por las carreteras del norte es inevitable tener en mente este episodio de la historia de nuestra región. De hecho es un lugar común en las pláticas coloquiales el mencionar lo peligrosas que son las carreteras del norte en estos tiempos así como las advertencias de que se evite salir y transitar en ellas. Los rumores de ataques, asaltos y demás calamidades van de boca en boca provocando la tensión y el pánico colectivo. Incluso cuando he llegado a hacer mención sobre mis visitas a otras ciudades de la región la primera pregunta que surge es: “¿y no te da miedo?”

Hace 500 años la situación del norte era en cierta forma similar a la actual; los asaltos a los caminos eran un peligro continuo para el viajero, los ataques a las caravanas eran un riesgo que se debía de tomar si de viajar al norte se trataba, la inestabilidad política y social estaban a la orden día y la zozobra y el pánico acerca de la llamada ‘leyenda negra’ sobre el norte era algo que atemorizaba al pueblo. En aquel entonces la razón por la que los españoles llamaron a los indios “belicosos” y “bárbaros” fue porque ellos al ver que su territorio estaba siendo invadido por extraños no les quedó más que hacer frente y contraatacar, a lo que la corona española respondió como una medida de seguridad hacer del norte un territorio militar.

En la época colonial la estrategia llevada a cabo para controlar el vandalismo en los caminos fue la presencia de militares a lo largo de todo el territorio, sin embargo esto no significó que la sociedad civil no estuviera también al margen de los abusos de poder y la corrupción del mismo ejército y la élite gobernante. Con el tiempo se llegó a una tregua y se logró controlar la seguridad de los caminos del norte aunque no por ello la región gozó de absoluta paz.

Es curioso como analizando el pasado y confrontándolo con el presente existan muchos puntos en común, dando como resultado que el análisis del devenir histórico sea como mencionaba el filósofo alemán

G. W. F. Hegel, una espiral donde hay momentos en los que sin repetirse por completo la historia el presente llega a tener puntos muy en común con el pasado. Pero también la historia es una maestra de la vida y si los gobernantes tuvieran memoria histórica más allá de su propio sexenio o periodo de poder comprenderían que hay estrategias gastadas y que el estado necesita una reformulación en su forma de gobernar.