Hemos escuchado en infinidad de ocasiones que existen las personas tóxicas. Lo que los expertos recomiendan es alejarse de ellas, dentro de lo posible, debido a que se consideran ‘vampiros’ de la energía, y es que son capaces de, en tan solo unos minutos de conversación, ‘chuparnos’ toda nuestra vitalidad y dejarnos fuera de combate para el resto de día. Para definir con mayor propiedad cómo actúan este tipo de personas, la psicóloga y psicopedagoga Laura Cerdán (@lcpsicologia), nos explica que: “Un comportamiento tóxico es aquel que resta energía a los demás. Estos individuos suelen generan malestar, estrés y ansiedad en las personas que tienen alrededor. Y este tipo de comportamientos son consecuencia de un mal aprendizaje y, además, en muchas ocasiones, las personas que los manifiestan no son plenamente conscientes de ello”.

Hasta aquí todo entendido, pero, ¿qué pasa cuando esa persona tóxica es tu madre? O quizás, tras leer estas líneas, estés en la tesitura de que tú misma puedes estar siendo tóxica con tus hijos sin ni siquiera darte cuenta. “Cualquier persona puede ser tóxica, las madres también. Las madres tóxicas pueden no ser conscientes de que lo son. Otras veces, se dan cuenta. Lo que hacen es repetir patrones y educar de la misma manera a cómo fueron educadas ellas mismas”, nos cuenta.

Pero ¡cuidado!, porque la experta nos dice que para entender cómo son este tipo de madres, en primer lugar “debe quedar claro que una madre tóxica sí quiere a sus hijos. Seguramente, ella tiene la percepción de que los ama muchísimo y de que se desvive por ellos. El problema no es ese, sino la relación y el vínculo que establecen con su hijo. Una madre tóxica es aquella que, de alguna manera, entorpece el crecimiento personal y emocional de su hijo. Genera tal dependencia emocional hacia él que las conductas sobreprotectoras, manipuladoras e incluso posesivas son frecuentes. Justifican sus acciones con el amor que sienten por sus hijos, se amparan en el hecho de que han de cuidarlos, y suelen actuar tomando ellas las decisiones que deberían tomar sus hijos”, argumenta la psicóloga.

Cómo es la relación entre una madre tóxica y sus hijos

El vínculo que se crea entre una madre tóxica y su hijo realmente es negativo, ¿por qué? Porque la relación que la madre está creando con él desde la infancia, se convierte en una obsesión o posesión, que le hace ser dependiente de ella y, por tanto, hace al niño tan vulnerable “que no puede distanciarse ni alejarse de su madre tal y como haría un adulto (en una situación normal). Esta relación asimétrica de dependencia hacia el cuidador (en este caso, la madre) facilita que la madre pueda desarrollar al completo ese tipo de vínculo dañino. Y es que, esta relación toxica entre madre e hijo cuando éste es pequeño no se da en igualdad de condiciones”, explica.

Algunas de las características comunes a la relación que presenta una madre tóxica con su hijo, según nos cuenta la psicóloga, son:

  • La madre tóxica utilizará distintas estrategias para evitar que su hijo se aleje de ella. “Simular una dolencia o una enfermedad suele ser frecuente, ya que saben que su pequeño se quedará a su lado, aunque sólo sea para cuidarla. De esta manera, cargan a su hijo con una responsabilidad que se acaba convirtiendo en sentimiento de culpa cuando el hijo reclama independencia”.
  • La madre tóxica traspasa totalmente los límites de su hijo, entrometiéndose en todo y controlando todo cuanto acontece en su vida. “Esto les da sensación de control y llegan a creerse que lo hacen todo por el bien de su hijo. Utilizan frases como “nadie te va a querer como yo” o “esto déjamelo a mí, que sé mejor que tú lo que te conviene”. Ésta es una forma muy sutil de manipulación que mina la autoestima del pequeño y aumenta la dependencia hacia ella”.
  • La madre tóxica quiere tener tal control de todo que suele asumir totalmente la crianza y la educación de sus hijos. “Toman todas las decisiones importantes, impidiendo que su hijo tome decisiones o haciendo que, incluso el padre, participe lo mínimo de estas cuestiones. Creen que sus decisiones son las mejores y no aceptan criticas de otras personas”.

Las quejas y los reproches son sus más preciadas armas

Cuando los hijos van creciendo y se van dando cuenta de la relación tan excesivamente estrecha que su madre tiene con ellos comienzan a querer independizarse, tener una mayor autonomía, capacidad de decisión… En definitiva, quieren vivir su propia vida sin tener que estar pidiendo el consentimiento o aprobación constante de la madre, como lo han hecho durante su infancia.

Madurar puede abrir los ojos a los hijos para intentar revertir la relación y mejorarla, algo que se plantea como complicado ya que, según reitera la psicóloga: “La madre tóxica tiene una visión muy pesimista y negativa del mundo que la rodea. La relación con ella se acaba convirtiendo en una relación llena de discusiones, pues su hijo llegará a una edad en la que va a reclamar mayor independencia y va a estar cansado de asumir una responsabilidad y una carga emocional constante. Es entonces cuando aparecen las críticas y comentarios descalificativos, insultos, manipulación mediante el victimismo y/o la amenaza. El chantaje emocional es habitual. Suelen recurrir a frases tipo ‘Me dejas sola’, ‘Con lo que he hecho por ti y ahora mira cómo me tratas’, etc… Los celos, e incluso, la envidia respecto a las nuevas personas que empiezan a rodear a su hijo también son frecuentes”, asegura.

Cómo evitar ser una madre tóxica

En primer lugar, quizás lo más difícil sea darse cuenta y reconocer el problema de la relación tóxica con nuestros hijos, por ello, el primer paso es tomar conciencia de este comportamiento analizando la propia conducta. “Para ello, es necesario ser sincero con uno mismo y responderse a la pregunta, ‘¿causamos malestar en las personas que nos rodean con nuestro comportamiento y/o conductas? Es necesario valorar si somos personas negativas, si siempre estamos criticando, si creemos que estamos absorbiendo la energía de los demás y, por tanto, dañándolos”, analiza la experta.

Y es que la causa de todo esto no es algo externo ni depende de otros factores que no sean la relación con uno mismo. El siguiente paso que plantea la psicóloga es reconocer nuestra parte de ‘culpa’ y responsabilidad, y observar por qué nos comportamos así. “Quizá lo hemos aprendido por las pautas educativas que utilizaron con nosotros, quizá queremos llamar la atención de los demás o quizá nos sentimos víctima de nuestra propia vida”, apunta. “En cualquier caso, ser una persona tóxica hace daño a la propia persona tóxica y a las personas que la rodean. Por tanto, vale la pena acudir a un especialista que nos ayude a poner remedio, a ver qué recursos tenemos para empezar a cambiar y mejorar así nuestra vida actual”, recomienda.