Sí, sí lo es. Pero también es mucho más que eso. El té de lechuga es un buen aliado no solo para dormir mejor, sino también para bajar los niveles de ansiedad e hidratarte correctamente. Te contamos más de él y de cómo prepararlo en casa.

La lechuga siempre ha sido buena aliada

Muchos la relacionan con algunas de las dietas más restrictivas que existen. Esta hortaliza, claro, aporta mucha agua y pocas calorías. Unos 100 gramos de sus hojas aportan cerca de 15 calorías mientras que, por ejemplo, la misma cantidad de queso manchego aporta 476 kilocalorías.

No obstante, también es fuente de fibra, proteínas, calcio, hierro, fósforo y vitaminas del grupo A, B, C y E.

La lechuga, especialmente cuando se trata de variedades de la romana, contiene un nivel alto de una sustancia llamada lactucin, que es buena provocando sueño.

Un artículo de la National Library of Medicine, del gobierno de Estados Unidos, asegura que las semillas y el extracto de las hojas de esta lechuga ayudan a incrementar la duración del sueño.

Además, dependiendo del tipo de lechuga, éstas tienen sabores especiales para cada tipo de comida en que se les imagine. ¿Te suenan los nombres (y la imagen mental o sabor) de la rizada, Iceberg, Lollo, Trentina, Escarola, francesa y hoja de roble? ¡Todas son deliciosas!

El famoso té de lechuga

Seguro has escuchado hablar de él. Almacena en sí mismo, por decirlo de una forma, todas las propiedades de la lechuga de la que se elabore.

Por consiguiente, te ayuda a descansar más, disminuir tu estrés, agilizar el funcionamiento del hígado y hasta del metabolismo en general.

Hay quienes defienden las contraindicaciones de esta bebida, pero hasta el momento no hemos encontrado una fuente científica confiable que lo respalde.

Solo una advertencia: procura beber té de lechuga en la medida justa de tu necesidad de sueño o hidratación. Aquello de inducirte las ganas de llegar a la cama es real, así que programa bien cuándo ingerirlo.

¿Cómo hacer té de lechuga?

Sencillo. Toma unas cuatro hojas de buen tamaño y previamente lavadas. Pon a hervir cuatro litros de agua y, cuando las burbujas estén a tope, apaga el fuego y deja reposar ahí dentro las lechugas. Espera 15 minutos y cuela. Endulza con azúcar morena o con miel.