Microrrelatos

Tras el taller de microrrelato que se llevó a cabo la semana pasada en el Centro Cultural Tamaulipas, los participantes escribieron nueve de estos minicuentos, los cuales buscan ser expuestos en medios de comunicación en Ciudad Victoria.

El instructor Hugo Enrique Gómez, comentó que las clases consistieron en mostrar a los alumnos los aspectos teóricos del microrrelato, así como ejercicios para generar una historia, crear personajes, además de técnicas de redacción, con las cuales al final del taller, que duró una semana, redactaron una minificción.

El réquiem de los olvidados

De Nerea Ramírez

Los perseguí brincando de nube en nube cuando llamaron a la puerta. Reconocí sus rostros, pero ellos a mí, no.

Miré mi tumba ahora abandonada. Habían pasado cuarenta años.

Jaulas lúcidas

De @Leylunita

Me desperté al alba como acostumbraba, miré alrededor pero no reconocí ese lugar extraño, globos de peces voladores inundaban la habitación; no estaba en casa, ¿acaso era real?

Cuando abrí los ojos, vi el techo y comprendí; sin embargo, al girar la cabeza y parpadear, volví al mar de peces flotantes. Desesperada por salir de lo que creí un sueño, alcancé a escuchar cómo mis  vecinos discutían y, por más que abría los ojos, mi mente seguía encerrada en mi interior… Así siguió la historia, de mí, la mujer lúcida, atrapada en el único lugar del cual nadie podía salvarme. Tristemente habitaba en mi lucidez, siendo presa de Morfeo, callaba a gritos volver a despertar.

Karma

De Liz E. Vázquez M.

Estaba algo lejos, y aun así se veía igual que antes, traté de ocultarme pero entre movimientos de carrito y entradas a pasillos fue inevitable hacerlo; por casualidad él giró quedando frente a mí, ese fue el momento más duradero que nos vimos a los ojos después de tanto tiempo. Todos los recuerdos tapizaron mi mente; los dos no dijimos ni una palabra, pero nuestros rostros cambiaron, igual que cuando nos dimos el primer beso. Intenté acercarme, pero descubrí que había más de una sombra a su lado, sintiéndome quizás igual o peor que él cuando lo dejé sin consuelo en aquél café años atrás. Optamos en ese momento nuestra retirada.

Yolanda

De Graciela García Aguilar.

“Yo aquí me quedo, tú sigue hacia delante por ese camino”, le decía Yolanda a su hija mientras recorrían aquél largo y pesado sendero, “llevas armas para luchar contra cualquier obstáculo. A tu corta edad has visto lo que es bueno y lo que puede ser malo; no te detengas, sigue avanzando; yo aquí me quedo… es hora de descansar”.

Instante sutil

De Andrés Charles

Cuando llegó fue única, cuando partió también.