México es un país en el cual dedicarse a las ciencias sociales siempre despierta la pregunta suspicaz ¿y de qué vas a trabajar? Mientras que si alguien decide dedicarse al arte el panorama cambia de la suspicacia al pesimismo con afirmaciones como ‘te vas a morir de hambre’. Y es que pocos padres de familia ven con entusiasmo que su hijo un día diga de manera seria y lejos del pasatiempo vespertino ‘quiero estudiar música’, ‘quiero ir a estudiar artes plásticas’, ‘quiero estudiar danza’ ó ‘quiero ser escritor’. Antes que eso suceda los padres, que siempre velan por el bienestar de los suyos, exhortan a los jóvenes para que primero estudien algo ‘en serio’ como administradores, contadores o cualquiera de esas carreras que se supone aseguran estabilidad laboral y económica para quienes las ejercen. Ya después si queda tiempo que estudien arte y que se dediquen en sus ratos libres a ejercerlo porque primero es ‘la carrera de verdad’ y ya luego los disparates bohemios.
¿Le suena esta historia? en múltiples ocasiones he escuchado a personas lamentarse y decir que les hubiera gustado estudiar alguna rama de las ciencias sociales o alguna disciplina artística pero por convencionalismo social se dedicaron a otra cosa. Atrás quedó el sueño, el talento y las ganas de explotar la vocación creadora y artística. Si bien es lamentable que una persona trunque el deseo de dedicarse por completo al arte lo cierto es que también en México es muy difícil -literalmente- vivir del arte, ni se diga de lo que sucede en provincia o en ciudades como Victoria.
Por siglos al artista se le ha estereotipado como el bohemio de la sociedad, el que no le importan los horarios y vive al margen de las reglas sociales y la moral, como un ser excéntrico, distraído y que siempre espera la visita de la musa para crear. Sin embargo la realidad, al menos la del siglo XXI es otra. Porque un artista también tiene necesidades y cuentas por pagar, requiere servicios médicos, material de trabajo, un sueldo y sustento para su familia, es decir, todo lo que cualquier persona requiere para vivir con la diferencia de que al artista cuando manifiesta sus necesidades siempre se le reprocha el por qué no se dedica a algo ‘más productivo’. Y así es como el artista, el arte y la cultura se relega a segundo término en la sociedad y ni se diga en lo gubernamental. Primero quitarle presupuesto a cultura que bajar los sueldos exorbitantes a los funcionarios, primero crear escuelas politécnicas en masa que crear una escuela de enseñanza profesional de arte en Tamaulipas, primero la foto para el periódico y las becas a cuentagotas que ofrecer seguridad social y médica a los artistas. Primero que los artistas hagan todo gratis y luego que se alimenten de los aplausos.
Bajo este panorama ¿es recomendable estudiar/dedicarse al arte? Aunque para algunos suene descabellado por lo antes expuesto, mi respuesta es sí. Las personas que lo deseen pueden dedicarse al arte porque en nuestra sociedad es necesaria esa ventana a la creación, específicamente en nuestro estado que ha sido tan colapsado durante los últimos años por la violencia y la falta de sentido humano tanto por los delincuentes como por los gobernantes. En Tamaulipas urge la creación y la apreciación artística no para evadir la situación actual, sino como un escudo que proteja a las generaciones inmediatas y futuras de ejercer la violencia. Para ello es necesario que se apoye al arte y la cultura en general pero que se proteja al artista en particular ofreciéndole todas las garantías y derechos que cualquier trabajador merece. Que el artista deje atrás el complejo de eterno agradecimiento con las instituciones por un apoyo otorgado hace años, que quede atrás el ofrecer funciones, conciertos o exposiciones gratuitas con la esperanza que algún día se tome en cuenta el haber rellenado la cartelera cultural y que empiece la lucha y la exigencia por garantizar el bienestar y los derechos sociales que como ciudadanos requieren. Porque aunque su labor no sea en horarios de oficina o bajo el cobijo de alguna institución también se trata de un trabajo, quizá el más noble pero también el más exigente que puede haber y es el de recrear el espíritu de nuestra sociedad.
Por otro lado la Casa del Arte cumplió 100 años y lo festejó en un evento privado para funcionarios. La llamada ‘casa de todos’ se reservó el derecho de admisión para quienes de corazón hemos asistido a sus eventos y presentaciones. Porque claro, era más importante la foto pulcra con el gobernador y funcionarios que compartir el festejo del centenario con los que le dan vida diaria, los alumnos, los padres de familia, el público en general. En esta ocasión la Casa del Arte se quedó corta y a mi gusto es decepcionante que no haya defendido la labor social por la que se supone existe que es ofrecer arte al público en general y se haya conformado con entretener a unos cuantos funcionarios.