Y es que él siempre persiguió la liebre, pero fueron otros las que la alcanzaron y aún así se tragó el enojo, hizo tripas corazón y esperó paciente, hasta hoy que está a punto de coronarse un sueño que en silencio acarició.
El le ha entregado todo a su partido y nunca exigió nada a cambio, no obstante de que los eventos que organizó para los candidatos que van, que vienen, que luego se pierden y que poco agradecen, son los que más han lucido por su colorido, por su potencial humano y que han rodeado de luz a la figura del abanderado en turno.
Con esa carita de niño bueno que exhibe, con esa sonrisa y con ese carácter tan afable que contagia, él ha demostrado que ser así contribuye para dirigir a un organismo que hoy tiene pies y cabeza y cuyos simpatizantes hicieron posible este 7 de Julio sacudirle la modorra a un PRI que hace doce meses agonizaba, que fue herido en el corazón y que se pensaba que nuevamente recibiría otra puñalada trapera.
Y es que de un vistazo reviso las cientos de fotografías que obran en mis archivos que dan cuenta de los eventos que el Movimiento Territorial de Tamaulipas organizó para apoyar a los abanderados del PRI y, a decir verdad, nada le envidian a otros que se mueven con recursos económicos suculentos y que por obligación tienen que salir perfectos.
Recuerdo a su padre allá por los años ochenta, a Don Beto “El Borrado”, como le decían por sus ojos claros, un hombre con el que compartí momentos duros y agradables en la Delegación Política de Tlalpan, donde Don Prudencio Luis Aguilar (Q.E.P.D), generoso, nos tendió la mano a un grupo de victorenses que aún les sorprendía lo inmenso que es el Distrito Federal, ese monstruo de ciudad que nunca se acaba de beber.
El, Don Prudencio, fue quién de un tirón nos despojó de la venda que cubre los ojos y nos tomó de la mano para sacudirnos ese temor que se siente al pisar un terreno desconocido y fue así como Beto, Guadalupe, Homero y otros más fuimos dotados de las armas para defendernos y para seguir caminando por ese sendero en el que Dios nos colocó para ponernos a prueba.
Y a él, a Heriberto Ruiz Tijerina, lo conocí aquí en Ciudad Victoria, donde al instante lo relacioné con aquel señor de ojo claro, tranquilo, amable y solidario, que hizo menos penosa la jornada en aquella ciudad que está repleta de víboras y de tiburones.
Beto Ruiz, quién ya entró en sus 47 años y a quién algunos le dicen en broma “Dorian Gray”, por aquello de que desafía a la eterna juventud, es un firme prospecto para convertirse en huésped del Congreso de Tamaulipas por la vía plurinominal, sangre nueva, pues, que seguramente le dará vida con su capacidad, con su energía y con su peculiar personalidad a la próxima legislatura estatal.
Casado con la maestra Alma Cristina Zúñiga Torres, Beto es un licenciado en Informática con maestría en Administración que tiene una militancia de 29 años en el Revolucionario Institucional y que se ha abierto el camino para lucir como miembro del FJR, de la CNOP, como Delegado del CEN en otros Estados, como operador político y hoy como dirigente del Movimiento Territorial.
El, nació allá por el barrio del 16 Matamoros y Guerrero donde vivió hasta los 18 años y luego arribó a las famosas Viviendas Populares, lugar que le regaló gratos momentos en su juventud.
Beto es amante de toda clase de música, pero las románticas le sientan bien, pero lo mejor de él es su sencillez, su carisma y su sentido solidario, que provoca que sus amigos abunden y que lo reciban como se debe hacer con un buen camarada.
Seguro, estoy, que desde el cielo su padre estará orgulloso de él, porque pronto como diputado local será el propietario de una curul en el órgano legislativo, el lugar ideal para demostrar que la oportunidad que se le ha brindado, no tiene desperdicio.
Adelante Beto, que tus amigos.
Siempre te apoyan.
Correo electrónico: [email protected]