Por Erika Hdz y José Alvarado

En Victoria hay una calle con miles y miles de historias por contar unas agradables otras no tanto, hoy te enterarás de una en especial.

Personas vienen y van por aquel lugar tan concurrido, un lugar que a pesar de sus malas condiciones siempre conserva algo valioso que a pesar de lluvias, calores, crisis y hasta pandemias están ahí, sus comerciantes.

Comerciantes vienen y van pero doña Paula Posada mejor conocida como “wina” entre los comerciantes siempre se ha quedado, ha estado por años en esa calle que sin duda es emblemática aquí en Victoria, el 7 Hidalgo y ella está justo a mediación de estas miles de historias.

Ella junto con su esposo Hilario quien lamentablemente ya falleció llegaron a esta calle en el año de  1989 con mucho ánimo de salir adelante y con la intención siempre de vender calidad  a sus clientes y de esta manera llevar comida y sustento a sus 7 hijos.

Doña Wina y el señor Hilario durante años se han dedicado a la venta de Nopales y calabaza y por supuesto que también ofrecen sus frutas de temporada así como el gran oro blanco también conocidas como chochas y una rica masa de nixtamal.

Juntos han logrado sacar adelante a sus 7 hijos. Doña wina cuando su esposo falleció siguió adelante con ese proyecto de ambos, siempre entregando una anécdota y una sonrisa a sus clientes.

Ella es una historia de superación y de lucha como muchas de esta calle, es una señora que a lo largo del tiempo ha logrado permanecer en su lugar, en ese lugar que le ha permitido darle un plato de comida a sus hijos, vestido y educación.

Y quien diría que lleva más de 30 años en ese lugar, una vida, su vida y es que comenta que ella despierta a las 5 de la mañana y  para las 6 ya tiene su puesto en dicho lugar, su puesto es muy visitado y claro, como no, si ya es costumbre encontrar siempre una buena masa, unos tradicionales dulces de  leche, y sobre todo sus bolsitas de calabacita con elote y nopalitos que nunca pueden faltar en su puesto.

Ella ahí ha vivido lluvias, vientos, calores y hasta pandemia, en su puesto se respira paz, se respira esperanza, ganas de vivir, y quien no va y se avienta una buena platicadita con ella.

Hasta hace poco doña Paula nos comenta que intentaron quitarlos de ese lugar y es que como quitarlos de ahí, si cada puesto, cada persona ya forman parte de esa calle, como quitarle un lugar que ha sido fuente de ingresos para doña Paula y su familia durante años.

El 7 Hidalgo se caracteriza por todas estas personas que como doña Paula te venden igual o mejor calidad de productos que los que puedas encontrar en los tiendas comerciales  y además a un menor precio, entonces ¿por qué no comprar con doña wina?

Porque no comprarle a esa persona que se levanta siempre con el entusiasmo de que será un día lleno de ventas, dispuesta a vender calidad, dispuesta a regalar una sonrisa, dispuesta a seguir llenando sus manos  de callos  y espinas para que tu te lleves unos buenos nopalitos a casa.

Doña wina los invita a que apoyen y compren lo local, los invita a que sigan siendo parte de su historia y sigan siendo su fuente de vida. Agradece a quien seguido pasa y se lleva algo de mercancía sin saber que esa persona está siendo parte del gran sustento que ella es para su  familia. Agradece porque sin saberlo cada que consumes una bolsita de aquella calabacita, Nopales, masa o lo que sea que hayas comprado le das un motivo para seguir echándole ganas, para que a pesar de  su diabetes que muchas veces la hace tambalear siga teniendo un motivo para levantarse.

Doña Paula y los comerciantes de este lugar piden a las autoridades que no los olviden, piden mejores condiciones  de trabajo y confían en que el nuevo gobierno cumplirá con lo prometido hacia estos. Y esperan ansiosa y gustosamente su visita.

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