Él es una persona de un alto puesto directivo en la administración estatal, le gusta jugar y presume que lo hace muy bien con sus hijos. En apariencia, es una persona honorable para la sociedad victorense.

Inició en la administración pública después de titularse en la universidad, de clase media alta empezó a trabajar en la tesorería, desde donde embarcó a gente para hacer pingues negocios desde su puesto público,  como mucha gente que llega a los puestos de manejo de dinero, urdió varios negocios para asegurar su futuro.

Por lo pronto inició con imprentas, se asoció, y como él era el tesorero todas las facturas de sus socios se pagaban al doble e insofacto. El círculo estaba cerrado. Todo el material del ayuntamiento se realizaría en estas imprentas, donde no se daban abasto para cumplir con todo tipo de papelería que el ayuntamiento necesitara.

Su economía se fortalecía a la vez que “mochaba” a algunos proveedores para inflar sus ganancias y metía parentela fantasma para inflar una nómina que en realidad iba a sus bolsillos.

Era la pura vida. Todos felices, legales y engordando el bolsillo… más siempre hay un pero. La ambición lo trastornó y se le fue “al baño” a su socio. Este hecho cuando se le recuerda lo trata de borrar de su mente sabedor de lo que hizo. Las pruebas, son tan netas que todavía conserva sus imprentas y  es director de una área educativa del estado, y a dejado de imprimirle el boletaje al Correcaminos… ¡sí, por lo mismo¡