El teatro de las coordinaciones

Columna: Crónicas del Descaro

Morena presume democracia, pero lo que vemos es teatro. El show de las encuestas, las designaciones desde CDMX y los aliados fingiendo molestia forman parte del guion. El PT se queja, patalea, amenaza con romper… y al final firma la alianza.

El comunicado 126/2026 abrió la puerta a 300 coordinaciones distritales. Trescientos nuevos escenarios para repetir la misma obra: chapulines disfrazados de guinda, ex priistas reciclados, ex panistas arrepentidos. Todo bajo el disfraz de “compromiso con las causas del pueblo”.

El PT dice que no lo toman en cuenta. Que Morena se quiere quedar con todo. Pero la molestia es parte del libreto: se finge pluralidad, se finge democracia, y al final se reparten candidaturas como cuotas de poder.

Las encuestas son el disfraz perfecto. Se presentan como consulta ciudadana, pero en realidad son la coartada para legitimar decisiones tomadas en CDMX. El pueblo opina, pero la dirigencia decide.

En Victoria, los aspirantes ya se sienten ganadores. Presumen que las encuestas los favorecen, que la gente los quiere, que la candidatura es suya. La ironía es inevitable: ¿qué harán cuando la obra de teatro termine sin designarlos candidatos?

Lo más probable es que se queden. Sin dignidad, esperando migajas. Puestos menores en dependencias, direcciones de segunda, encargos burocráticos  inventados que sirven para callar inconformes. La misma historia de siempre: antes eran los colores rojo, verde y blanco del PRI; ahora es el guinda, pero el guion no cambió.

Porque en este teatro, los papeles cambian rápido. Hoy eres “coordinador de la defensa de la transformación”, mañana eres ex candidato, y pasado mañana eres jefe de departamento en alguna oficina estatal y sí, también habrá los que, haciendo gala de su dignidad, decidan  dejar este movimiento  pero serán los pocos, muy pocos, al menos por ahora, que todavía Morena tiene el poder.

Y sí, Morena habla de honestidad y sencillez, pero lo que vemos son ex alcaldes priistas haciendo fila, ex diputados panistas jurando que siempre fueron obradoristas, y verdes que entendieron que el negocio ahora está en guinda.

El PT se indigna, pero sabe que no manda. Sus quejas son como las de un actor secundario que reclama más líneas en la obra, aunque al final se conforma con aparecer en el cartel.

El descaro está en que todo se presenta como democracia participativa. Se habla de encuestas, de compromiso con el pueblo, de principios. Pero en realidad es un disfraz: las decisiones se toman arriba, y abajo sólo se reparten papeles y migajas.

Crónicas del Descaro: el teatro de las coordinaciones. El PT finge molestia, los aspirantes de Victoria se sienten ganadores, y Morena presume democracia. Pero al final, el guion es el mismo: designaciones desde CDMX, chapulines disfrazados de guinda y aspirantes que se quedan a recibir lo que les den, porque la dignidad nunca estuvo en la convocatoria.