Teniendo como pretexto el Congreso Nacional de Ciencias Sociales, tuvimos la oportunidad de escuchar a los más prestigiadas investigadores de esta área a nivel nacional e internacional en San Cristóbal de las Casas, Chiapas; el maestro Enrique Florescano impartió la conferencia magistral sobre Historia, después de una muy ríspida inauguración que resultó desafortunada tanto para el gobernador Verde Manuel Velasco Coello como para el presidente municipal de San Cristóbal Francisco Martínez Pedrero, pues en el desatino de haber citado a la ceremonia inaugural una hora antes, estaban ahí, en el teatro Hermanos Domínguez, más de 1500 asistentes al congreso entre estudiantes, maestros e investigadores de las ciencias sociales de todas partes de la República, es decir, un público difícil y crítico.
La gente empezó a aplaudir un poco antes de las seis de la tarde, nos habían citado desde la cinco; así que cuando entró el gobernador y su comitiva inició la rechifla, entonces la música clásica que habían puesto para ambientar, la subieron de volumen para opacar las expresiones de disgusto; cuando anunciaron las palabras de bienvenida por parte del presidente municipal nuevamente la rechifla se hizo sentir fuerte en el teatro, el edil entre molesto, desconcertado y nervioso, quiso justificar el retraso, lo que agudizó el escándalo que se volvió creciente con la buena acústica del lugar; como pudo dio terminado su discurso y mientras el presidente del Consejo Mexicano de Ciencias Sociales hacia uso del micrófono, le hicieron llegar al gobernador en una carpeta, también verde, el discurso, que revisó, después dio un par de indicaciones y cuando se veía venir una nueva rechifla se anunció que el rector de la Universidad Autónoma de Chiapas haría la declaratoria inaugural, al finalizar la ceremonia sacaron a Velasco por la puerta de emergencia, después vino un bálsamo, al escuchar a Florescano y el compromiso moral que los historiadores tienen con los muertos; la orquesta de alientos de la Universidad Intercultural de Chiapas cerró la noche con broche de oro.
Durante los cinco días que duró el congreso tuvimos la oportunidad de escuchar excelentes conferencias magistrales y la posibilidad de asistir a más de un centenar de mesas de trabajo donde se habló de los más diversos temas sociales, migración, religión, educación, interculturalidad, patrimonio cultural, religión, comunicación, globalización, género, medio ambiente, derechos humanos, etc.
San Cristóbal de las Casas se volvió un recinto de conocimiento que se aderezó con sus casas bañadas de teja, sus calles peatonales llenas de pequeños restaurante que en las aceras sirven cervezas heladas para refrescar un poco el día, el colorido que sus indígenas van regando por doquier con su vendimia de textiles, su permanente insistencia por venderle algo al turista, la alegría que sus niños, muchos niños acompañan esa vendimia o ellos mismos ofrecen con dignidad sus pulseras, dulces, bolsas tejidas, la marimba incansable que suena en sus plazas, restaurantes, en todos los lugares.
Su espectacular mercado de textiles en la plaza de Santo Domingo alrededor de una iglesia grande, oscura y que recuerda los cuentos de Rojas González, esos que en el libro “El diosero” pinta a un México profundo, indigenista, que redime sus cargas del pasado en un sincretismo religioso excepcional.
Las grandes fachadas de la iglesia católica recuerdan en esta ciudad un esplendor pasado, imágenes, púlpitos y pinturas manifiestan el abandono de quienes deben de conservar y preservar esos tesoros artísticos. Pero también está el dato estadístico de la mudanza hacia las prácticas religiosas de las iglesias protestantes hasta de un 40 por ciento de la población chiapaneca, lo que en boca de los alumnos de la Universidad Intercultural de Chiapas ha representado una desgracia para los usos y costumbres de sus comunidades, que abandonan las prácticas tradicionales que por siglos han garantizado la preservación de la naturaleza y su medio ambiente, viéndose amenazados con la pérdida de los conocimientos de sus ancestros.
De regreso a casa, todo mundo preguntó ¿y el subcomandante Marcos?, allá nadie habla de él, solo si uno pregunta le contestan con evasivas, que ya se murió, que está en la sierra. Lo cierto es, que su figura es omnipresente; nadie habla pero todos saben y cuando uno empieza a escarbar en las conversaciones, los sancristobalenses reconocen con discreción que la cosa cambió mucho desde el movimiento zapatista, la economía se revitalizó, el turismo creció y la calidad de los servicios es de primer mundo.
En cuanto a los indígenas, la explotación de su fuerza de trabajo continúa y muchos siguen en las calles con sus rostros de hambre, mirando al turista sin comprender el destino de su raza.
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