Seguro te ha pasado: te miras al espejo, te pruebas esa camiseta que ya no se ve igual o ves una foto y piensas “ya se me está notando la panza”. Más allá de cómo se ve, esa barriga caída podría estar diciéndote algo más importante.

Y es que no toda la grasa que se acumula en el abdomen es igual. Hay una en particular que no se nota tanto por fuera, pero que puede estar afectando tu salud sin que lo sepas: la grasa visceral. A diferencia de la que se queda justo debajo de la piel, esta se acumula más adentro, entre los órganos, y con el tiempo puede empujar hacia afuera, dándole al vientre esa forma caída o inflamada. Lo preocupante es que, aunque no se vea tanto, sí puede ser mucho más peligrosa de lo que creemos. Además, checa Alimentos que debes comer en ayunas para quemar grasa

¿Por qué la grasa visceral es tan peligrosa?

No es la grasa que se ve ni la que se puede pellizcar. Esta está más adentro, rodeando órganos importantes como el hígado o el páncreas. Justamente por eso es más riesgosa: no solo ocupa espacio, también afecta el funcionamiento del cuerpo.

El tema es que esta grasa no está “quieta” ahí. Libera sustancias que pueden alterar el metabolismo y provocar inflamación. Con el tiempo, eso se puede traducir en enfermedades como presión alta, problemas cardíacos, diabetes tipo 2 e incluso algunos tipos de cáncer. Y lo complicado es que no da síntomas claros hasta que ya hay algo serio. Por eso se le dice que es “silenciosa”.

Una forma simple de estar atentos es medir la cintura. En mujeres, si pasa los 88 cm (o 35 pulgadas), puede ser una señal. Pero más allá de los números, lo importante es notar si la zona abdominal ha ido creciendo con el tiempo, aunque el peso general no cambie mucho. El cuerpo siempre va dejando pistas.

¿Qué se puede hacer para reducirla?

La buena noticia es que este tipo de grasa suele responder bastante bien a los cambios de hábitos. No se trata de hacer dieta todo el año ni pasar horas en el gimnasio. Lo que funciona es lo de siempre, pero con constancia: moverse más, comer mejor, dormir bien, manejar el estrés y dejar de lado el cigarro, si es el caso.

Caminar todos los días, hacer algo de ejercicio con el propio peso, elegir alimentos naturales en lugar de productos ultraprocesados. Son pequeñas cosas que, repetidas, marcan una gran diferencia.

Importante: Los tratamientos estéticos, como la liposucción, no eliminan la grasa visceral. Solo cambian lo que se ve, pero no lo que pasa por dentro. Para reducir esta grasa, no hay secretos raros ni soluciones mágicas. Solo decisiones conscientes, tomadas todos los días.