El humo no siempre viene de un cigarro. A veces, es el aire que respiras cada día el que te enferma en silencio, hasta que una mutación invisible detona lo impensable.

Un reciente estudio internacional, liderado por el National Cancer Institute y publicado en Nature, ha encontrado evidencia sólida de que la exposición prolongada a la contaminación del aire puede provocar mutaciones genéticas en el ADN, desencadenando cáncer de pulmón incluso en personas que nunca han fumado. El hallazgo redefine lo que entendemos por factores de riesgo y deja al descubierto un enemigo mucho más cercano de lo que creemos: el entorno urbano.

¿Cómo se relaciona la contaminación con mutaciones del ADN?

El estudio Sherlock-Lung, desarrollado por el Division of Cancer Epidemiology and Genetics (DCEG) del NCI, analizó más de 500 muestras de tejido pulmonar sano y tumoral en pacientes no fumadores expuestos a altos niveles de material particulado fino (PM2.5), una de las fracciones más peligrosas de la contaminación atmosférica.

La investigación demostró que la exposición al PM2.5 no solo inflama las vías respiratorias, sino que altera directamente la expresión genética de células pulmonares sanas, activando mutaciones específicas (como las del gen EGFR) que pueden derivar en cáncer de pulmón.