A la hora de cuidar nuestra higiene bucal, no solo debemos limitarnos a cepillar los dientes de manera exhaustiva. De hecho, nuestra prioridad debe ser evitar que la placa dental prolifere. Y para eso, es indispensable el uso del hilo o seda dental, ya que la superficie de los dientes solo es el 60% del total.
Debemos ser conscientes de que los restos de comida favorecen el desarrollo de bacterias y, por lo tanto, de infecciones en toda la boca. Si no usamos hilo dental, no acabamos con la mitad de los posibles focos de bacterias de nuestra boca.
El hecho de que el hilo dental sea lento y doloroso a la hora de usarlo, hace que muchas personas obvien su uso. Pero debemos aprender a romper los mitos sobre su aplicación, y a incorporarlo a nuestra rutina de higiene.
La sangre no debe impedirnos usar el hilo dental, ya que de hecho cuando sangran las encías es cuando más lo necesitamos, porque implica la existencia de bacterias que provocan esa inflamación.
A parte de estos casos más destacados, la verdad es que como mínimo conviene repasar el espacio entre los dientes con el hilo por las noches, y siempre después de una gran comida. Además, al principio debemos ser conscientes de que nuestro espacio interdental está muy sucio, por lo que un ligero sangrado y dolor son molestias completamente normales, que irán desapareciendo con el tiempo.
No podemos olvidar que la higiene es siempre la mejor medida preventiva ante cualquier problema de salud, especialmente de la boca.