Por esta condición, Zara, la nieta de Kiko, falleció en 2007.
“Me cuesta muchísimo trabajo hablar de mi Zara. Ella era la hija de mi hija Vanessa, pero como el papá no se quiso hacer responsable de ella, yo la adopté. Cuidé a mi niña y le di todo mi cariño y, aunque nació con esa enfermedad que hace que la espina dorsal se salga, a mí no me importó. La operaron e iba siempre a terapia. Era una niña muy hermosa, la quise muchísimo, pero desafortunadamente sólo vivió un año y medio, se puso malita, la llevamos a un hospital y ahí falleció”.
Carlos Villagrán revela que esta enfermedad también la porta otra de sus nietas, aunque con menor severidad:
“Tengo otra de mis nietas que también nació con ese problema, ahorita ya tendrá unos 16 años de edad, pero afortunadamente no ha sido tan grave gracias a las terapias. Camina despacio y puede hacer muchas cosas”.
Clínicamente, Kiko es quien porta el gen.
“Me hice unos estudios genéticos para ver de dónde venía este problema porque mis nietas fueron de dos hijas diferentes y de papás diferentes, y como atrás de mí nunca hubo un problema similar, pues había la duda de que yo fuera el portador. En los análisis se descubrió que soy el portador, tengo dos mutaciones que se han manifestado en la tercera generación. Mis hijos se hicieron el análisis y afortunadamente ellos ya no llevan esta mutación, por lo que sus descendientes tampoco la tendrán”.