Una de las noticias que durante la semana ha tenido notoria trascendencia es la muerte del escritor José Emilio Pacheco quien el pasado domingo a la edad de 74 años falleció en la ciudad de México. Su muerte fue inesperada para muchos ya que hace apenas unos cuantos días él junto a otros intelectuales y escritores mexicanos habían manifestado su descontento a la reforma energética propuesta por Enrique Peña Nieto. A su muerte no se hicieron esperar los recuentos de su obra, las memorias y opiniones de colegas que lamentaron la pérdida de uno de los escritores mexicanos más leídos del siglo XX.

Con la muerte de Pacheco lo primero que muchos hicimos fue regresar a su obra, releer fragmentos de sus poemas o compartir párrafos en redes sociales de su emblemática novela ‘Las batallas en el desierto’ como un pequeño homenaje que desde nuestro lugar le podemos rendir al escritor. La muerte nos hace regresar a los artistas y a su obra, y para los que no conocían al Pacheco a fuerza de tanta noticia y frases compartidas de manera viral al menos se dan cuenta que existió un escritor que fue importante y que ahora muchos lamentan su muerte.

¿Será entonces que la muerte (lamentable hecho, sin duda alguna) sea una de las mejores maneras de promocionar a la literatura? ¿Será entonces que para un artista lo mejor que le pudiera pasar es estar en una situación delicada para que los medios y sobre todo las personas tomen en cuenta dedicarle un espacio a la apreciación de su obra? La muerte de un escritor siempre despierta la necrofilia literaria y eso también lo pudimos ver con el lamentable deceso hace no muchos días del poeta Juan Gelman cuya muerte también nos hizo regresar y/o conocer su poesía.

El valor de la obra de un escritor es muy subjetiva y también varía de acuerdo al gusto propio, sin embargo en la cobertura y en la importancia que le den los medios de comunicación al fallecimiento de un escritor también radica lo que la gente distingue de su obra. Mientras más se repita la nota, el nombre y los reportajes especiales acerca de la vida del autor las personas perciben que son más importantes que otros. Y esto me hace pensar en la muerte de Carlos Fuentes ocurrida en mayo del 2012 cuya nota apareció en todos los medios nacionales e incluso los locales. Periódicos, revistas, radio, televisión, en todos lados hubo menciones especiales y reportajes que se extendieron por casi todo el año. Desde su muerte Carlos Fuentes fue un referente común en los suplementos culturales del 2012.

En septiembre del año pasado falleció el escritor Álvaro Mutis en la Ciudad de México y aunque su muerte fue nota en los medios nacionales, la cobertura de su fallecimiento y de su obra no trascendió más allá de unas páginas en los suplementos culturales. No puedo decir que la obra de Fuentes supere a la de Mutis, o que Pacheco sea mejor escritor que el poeta y editor Marco Fonz o el joven poeta Sergio Loo (fallecidos también en estos días). Eso lo decidirá cada quien de acuerdo a su preferencia, lo que si resalta es que ahora los medios de comunicación dan la impresión que existen escritores más importantes que otros de acuerdo al tiempo y al espacio que se le dedica a la cobertura de su muerte y los reportajes que le hacen. Escritores, poetas y artistas mueren diariamente en México pero los que se encargan de hacer que su muerte tenga impacto en la sociedad son los medios de comunicación. ¿Son la muerte y los medios masivos de comunicación nuestros principales promotores literarios? Quiero pensar que no, pero por lo visto en los últimos días tal parece que la prensa le ha ganado el lugar a la crítica literaria y sobre todo ha influido (o afectado) en los lectores.