Te fuiste cuando estábamos dormidos; cinco semanas duró la lucha, finalmente te rendiste, inmóvil en aquella cama tres. Siempre que el teléfono suena en la madrugada, uno intuye una mala noticia, pero en esa ocasión no pensé en nada, había sido tanto el cansancio de los días anteriores que sólo contesté “bueno”; “papá ya está arreglado” fue lo primero que escuché, era la voz de Carlos mi hermano, en ese momento pensé que te habían dado de alta, pero él me corrigió, “ya se fue”, pero yo seguía sin entender y le pregunté que a dónde, me dijo desesperado “ya se murió”.
Desde entonces ya no te volví a ver, mientras conducía el auto aquella madrugada rumbo a la casa de mamá me pregunté ¿cómo sería la muerte? Te recordé en esa cama de hospital, sin poder moverte, las embolias no habían podido quitarte la vida, eras tan grande, tan fuerte, que se sucedieron una tras otras hasta ir apagando cada uno de tus sentidos. Ya no podías hablar, no podías comer, no podías moverte; y seguías ahí retando a la muerte.
Te recordé en la motocicleta, cuando el olor a gasolina se confundía con tu sudor, yo te apretaba y me recargaba en tu espalda para no caerme, entonces me decías “agárrese bien Niní, no se vaya a caer.” Sí, yo fui la primer nini del mundo, nunca supe porque me decías así, después de tu muerte el nombre se puso de moda de México.
No imagino como sea la muerte, si sea un acto, una persona o simplemente una transición, no lo sé, pero supongo que cuando dejaste de respirar, fue como si hubieras despertado de ese letargo en el te habías sumergido las últimas semanas. De pronto pudiste mover tus manos, brazos y piernas, y saliste de ese cuerpo lacerado que te mantenía preso, pudiste caminar nuevamente y ya no sentiste el hambre ancestral que te había perseguido de niño.
En tu vocación de pata de perro, de viajero incansable, tuviste desde ese momento la posibilidad de ir a donde quisieras y creo entonces que fue el día más feliz de tu no existencia. Libre, completamente libre, como lo fuiste en vida, pero ahora totalmente, un espíritu verdaderamente libre.
Durante tu funeral mis sobrinas lloraban, mis hermanas tomaban café, mis hermanos un whiskito que traían guardado en la cajuela de algún carro. Había mucha gente en la funeraria, ninguno era amigo tuyo pero todos sabían de ti y hasta algunos había viajado muchos kilómetros para despedirte.
Pero tú ya no estabas ahí, solo tus restos. Ese día me fui a dormir temprano y pensé qué dirías si yo te hubiera explicado que me iba porque tu espíritu ya no estaba con nosotros, “bueno, felicidades” contestarías. Recuerdas, esa era la frase que utilizabas cuando las cosas no te interesaban y querías ironizar nuestras decisiones.
Después de siete años de tu muerte, no te extraño, porque mi vida está impregnada de tus anécdotas, frases, historias, cada día nos vamos pareciendo más a ti y eso nos causa risa a mis hermanos y a mí, por muchas cosas, por ejemplo, no nos gusta pagar para que nos hagan trabajos sencillos en casa y antecedidos por tu expresión “yo lo puedo hacer, no tiene chiste” arreglamos un corto circuito, cambiamos una llave de agua, componemos un aparato electrodoméstico y ponemos en práctica muchas de las habilidades que nos enseñaste.
Mamá te sueña todos los días y se encela si te ve acompañado de otra mujer; Laura sigue esperando que le vengas a decir como es el más allá y con eso que te moriste el día de su cumpleaños, siempre te hace homenaje, invita una comilona como las que a ti te gustaban y después nos vamos a misa para recordarte. No sé porque te hacemos una misa si eras masón, supongo es porque nos hicimos “bien santurronas” como decías que era mamá.
Nunca quisiste a los gringos, recordabas con amargura los pocos años que trabajaste en Texas cuando fuiste joven, pero siempre terminabas la plática burlándote de ellos porque no quisiste pagarles 10 dólares cuando te deportaron, supuestamente para que ellos te perdonaran y pudieras regresar legalmente; entre risas decías “quien va a querer regresar, si allá está de los judas”.
Entonces contabas tu sueño recurrente, “un hombre se baja de un avión con un maletín, voltea para todos lados, deja el maletín abandonado y se va caminando, el maletín se abre y salen muchos dólares, pero la gente no les hace caso, los ve como basura”. Terminabas diciendo “creo que va a llegar el día en que el dinero de los gringos no valga nada”. Sabes, tu sueño aun no se hace realidad, pero creo que para eso falta poco.
Ya para despedirme papá quiero decirte que tu vida no terminó con la muerte, fue solo el comienzo. Donde quiera que te andes paseando, un abrazo.
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