Por: Ismael de Leija
Para Doña Virginia Buenrostro, quien atiende un puesto de gorditas y tacos a un costado de la sede del Instituto Estatal Electoral, la presencia de los simpatizantes de Chavira, como de los policías anti motines, ni le afecta ni le beneficia.
«Ellos (los del plantón) traen su comida», señala con cierta indiferencia al reportero al preguntarle si la gran cantidad de personas que rodean al edificio ha elevado sus ventas.
Atareada en la elaboración de las gorditas para sus clientes, así como los encargos que habitualmente tiene, Doña Virginia de vez en vez voltea a ver el «relajo» que por momentos arman los chaviristas, así como los amontonamientos de gentes y prensa que con sus grabadoras y cámaras se arremolinan cuando funcionarios o políticos darán alguna declaración.
Con más de 20 años de su vida dedicados a la venta de este tipo de alimentos, señala que este tipo de protestas las ha vivido a lo largo de los años y que para su fortuna nunca a tenido que retirarse porque se pongan feas las cosas.
«A mi nunca me han pedido que me mueva en mis 20 años que tengo trabajando, si acaso en las fechas de las elecciones, por algunos días si me piden que me retire un poco, pero de ahí en fuera siempre he estado aquí en mi sitio».
Y así, doña Virginia Buenrostro Cruz continúa absorta amasando la harina y volteando las gorditas calientes que están por salir del comal, esto, ante la mirada ocasional de los policías que a sólo un metro del carretón de color naranja, tienen que «soportar» el agradable olor…