Nuevo Laredo.- El apoyo incondicional por parte de la familia es indiscutible, más cuando se trata de una enfermedad renal que a la postre llega a ser cansada para todos los integrantes.

La rutina de una persona que es hemodializada tres veces por semana suele ser dura para el paciente, pero también para los familiares se torna difícil.

María de la Luz Navarro espera a su esposo José Cisneros, de 58 años de edad, en la sala de recepción de la unidad de hemodiálisis tres veces por semana, ya que este recibe el tratamiento a las diez de la mañana.

“Mi esposo sufre de hipertensión y diabetes, lleva tres años y cinco meses que está tomando este tratamiento, ahorita él no está laborando, uno de mis tres hijos es el que se hace cargo de la mayor parte de nuestros gastos”, aseguró.

Además la señora María de la Luz vende tamales y empanadas y de ahí saca algo más para sobrevivir.

“Sí es un proceso muy difícil porque al principio uno piensa en la muerte, pero gracias a Dios mi marido ahorita está muy estable, el cambio que he visto, además de que adelgazó mucho, fue el carácter, se volvió muy huraño pero uno comprende porque creo que es debido a la enfermedad”, afirmó la señora Navarro.

María Belén Salazar López es otra de las personas que cuidan de su familiar enfermo, en este caso es su esposo, que sufre de diabetes desde hace 10 años y le realizan la hemodiálisis desde hace aproximadamente dos años.

“Yo soy el sostén de mi casa, antes trabajaba de intendente pero ahora soy pensionada, tengo tres hijos: uno ya está casado y los otros dos están estudiando. Antes se nos complicaba demasiado venir para acá porque no teníamos manera de transportarnos, teníamos que agarrar el camión pero ahorita gracias a Dios nos prestaron un carrito y es mucho más sencillo”, señaló María Belén Salazar López.