Por Andrés Ramírez Acosta

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Hay una fracción de segundo en la que todo parece detenerse. Es ese instante previo al disparo de salida, cuando ocho carriles esperan a sus protagonistas y el cronómetro todavía marca cero. Para algunos corredores representa nerviosismo; para otros, incertidumbre. Para Yeray Becerra es el comienzo de una batalla contra sí mismo.

Tiene apenas 16 años, pero ya aprendió que su rival más difícil no siempre corre a su lado. A veces aparece reflejado en los números de un cronómetro, en una marca que parece imposible de superar o en los límites que otros creen que existen.

“No te puedes poner ningún límite, no hay nada imposible”. La frase del legendario velocista Usain Bolt parece describir la filosofía con la que este adolescente tamaulipeco ha construido su corta, pero sorprendente trayectoria.

En apenas tres años dentro del atletismo, el victorense ha conseguido establecer marcas nacionales en las pruebas de 300, 400, 600 y 800 metros planos, además de conquistar una medalla de plata internacional en el Campeonato NACAC Sub-18.

Pero detrás de los récords existe una historia que no comenzó en una pista.

Comenzó con un niño inquieto, con unos padres que buscaban cómo acompañarlo en su desarrollo y con una energía que parecía no agotarse nunca.

Hoy, aquella energía forma parte de la historia de uno de los jóvenes talentos del atletismo tamaulipeco.

En entrevista exclusiva para Extremo Deportivo, Yeray Becerra habla de sus primeros pasos, de las derrotas que lo hicieron crecer, de la emoción de superar la marca de su ídolo y de una peculiar amistad que ha construido con los 400 metros de tartán.

I. EL DEPORTE SIEMPRE ESTUVO AHÍ

Antes de descubrir que podía correr contra el cronómetro, Yeray Becerra buscó su lugar en diferentes disciplinas deportivas.

El fútbol fue su primera experiencia. Después llegaron el béisbol, el bádminton y el tochito bandera. Cada deporte le dejó algo, pero ninguno había conseguido despertar completamente esa pasión que hoy siente cuando pisa una pista.

“Todo niño empieza con el fútbol. La verdad, no hubo mucho interés en ese deporte porque no sentía esa pasión. Luego jugué béisbol durante tres años, pero fue una sensación parecida, porque no me sentía conectado”.

Su siguiente experiencia fue el bádminton, donde comenzó a destacar en competencias escolares. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 interrumpió aquella etapa.

“Después llegó el tochito y ahí sentí una conexión. Tuve muchos reconocimientos e incluso llegué a participar en torneos internacionales de la NFL”.

Parecía que finalmente había encontrado su deporte. Sin embargo, el atletismo apareció casi por casualidad.

—¿Y cuándo llegó el atletismo a tu vida?

“Lo recuerdo muy bien. Fue una época en la que no hacía nada y mi papá me dijo que buscara a mi maestro de bádminton, porque también tenía una clase de atletismo. Así fue como empecé y poco a poco me fui desarrollando”.

Lo que comenzó como una actividad más terminó convirtiéndose en una decisión que cambiaría su vida.

Yeray no lo sabía entonces, pero había encontrado el escenario donde comenzaría a escribir su propia historia.

LA DEBILIDAD QUE SE CONVIRTIÓ EN FORTALEZA

A los cuatro años, Yeray fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Durante su infancia, algunos maestros lo describían como un niño inquieto, disperso y con dificultades para mantener la concentración.

Para sus padres, el diagnóstico significó enfrentarse a nuevas preguntas y decisiones sobre su desarrollo.

En lugar de permitir que aquella condición definiera las posibilidades de su hijo, buscaron actividades que le ayudaran a canalizar su energía y desarrollar sus capacidades.
El deporte se convirtió en una parte importante de ese proceso.

—¿Cómo ha influido la hiperactividad en tu vida deportiva?

“La hiperactividad se volvió una fortaleza. Siento que hace que no me canse tan rápido como los demás. Yo mismo me decía: si no me canso, ¿para qué me voy a otro deporte?”.

Así describe Yeray su propia experiencia. En el atletismo encontró una actividad que le exige concentración, constancia y disciplina, pero que también le permite disfrutar de su energía y de sus capacidades físicas.

El diagnóstico no desapareció. Tampoco se convirtió, por sí mismo, en la explicación de sus resultados. Lo que cambió fue la manera en que el joven comenzó a relacionarse con el deporte.
—¿Qué significó ese diagnóstico para tus padres?

“Fue duro para ellos. Cuando el doctor les comentó que lo más recomendable era medicarme, ellos decidieron que no. Prefirieron que me enfocara en el deporte”.

Yeray recuerda aquella decisión como parte de su historia familiar, una etapa en la que sus padres buscaron acompañarlo de la manera que consideraron más adecuada.

Con el tiempo, la práctica deportiva adquirió un significado especial.

La pista no solamente se convirtió en un lugar para entrenar. También fue un espacio donde encontró motivación, confianza y objetivos propios.

Y aquel niño al que algunos consideraban demasiado inquieto comenzó a descubrir que tenía una cualidad que podía desarrollar: la resistencia para seguir corriendo cuando otros comenzaban a disminuir el paso.

TRES AÑOS PARA CAMBIAR LA HISTORIA

La vida de Yeray Becerra transcurre entre entrenamientos, competencias y una rutina que exige sacrificios poco comunes para un adolescente de su edad.

Fiestas, vacaciones y reuniones familiares han tenido que compartir espacio con las sesiones de preparación.

Pero lo más sorprendente de su trayectoria no es solamente la cantidad de marcas que ha conseguido, sino el poco tiempo que necesitó para alcanzarlas.

—¿Cuánto tiempo llevas practicando atletismo?

“La verdad, solamente tengo tres años”.

—¿Tres años? ¿Y en tan poco tiempo has conseguido romper récords?

“Sí, llevo tres años en el atletismo. Cuando llegué, me enfoqué en mi primer reto, que era romper el récord de los 600 metros”.

—¿Y qué sucedió cuando lo conseguiste? ¿Explotó todo?

Con una ligera sonrisa, responde:

“Sí, así fue, explotó. Entonces dije: ¿para qué me voy a otro lado si aquí soy muy bueno?”.

Sin embargo, antes de conocer la satisfacción de romper una marca, Yeray tuvo que aprender a perder.

Su primera experiencia nacional no terminó como esperaba. Fue inscrito en una categoría superior a la que le correspondía y terminó derrotado.

Aquella competencia, lejos de desanimarlo, se convirtió en una referencia para medir cuánto necesitaba mejorar.

—¿Cómo recuerdas tus primeras competencias?

“Comencé como todos. No siempre gané. En mi primera competencia me inscribieron en una categoría más grande que la mía y perdí, pero supe que tenía que mejorar para seguir creciendo”.
Seis meses después de aquella derrota llegó su primera gran satisfacción.

—¿Cuál fue el primer récord que conseguiste?

“Fue en los 600 metros, en la categoría Sub-16. Yo iba como menor y logré hacer 1:21. Ese fue mi primer récord”.

Pero la historia no terminó ahí.

Al año siguiente regresó a la misma prueba, esta vez con la intención de superar al corredor que había establecido aquella marca: él mismo.

“Al año siguiente yo mismo rompí el récord. Bajé dos segundos y conseguí hacer 1:19”.

Su evolución continuó hasta llegar a una de las pruebas más exigentes del medio fondo: los 800 metros planos.

Durante la Olimpiada Nacional 2026, Yeray registró un tiempo de 1:51.24 minutos, con el que superó una marca que, de acuerdo con su relato, había permanecido vigente durante 12 años.
—¿Qué significó romper ese récord?

“Uno va preparado. Yo voy a ganar porque conozco mi potencial. No solamente voy por el primer lugar, sino por el récord, por mejorar el tiempo y conseguirlo”.

La respuesta revela una característica de su personalidad competitiva: para Yeray, cruzar primero la meta no siempre es suficiente.

Su verdadera satisfacción está en superar lo que anteriormente parecía imposible.

CUANDO EL ÍDOLO SE CONVIERTE EN RIVAL

En el deporte existen figuras que inspiran a las nuevas generaciones. Para Yeray Becerra, una de ellas ha sido Jesús Tonatiú López Álvarez, referente mexicano de los 800 metros planos.
Durante años admiró sus resultados. Hasta que llegó el momento de superar una de sus marcas.

—¿Qué sentiste al superar el registro de uno de tus ídolos?

“Imagínate superar la marca que dejó tu ídolo, esa persona a la que admiras y quieres llegar a ser como él. Para mí ha sido muy importante y por eso me he fijado nuevas metas”.
La admiración no desapareció con el récord. Por el contrario, se transformó en una motivación para buscar nuevos desafíos.

Ahora, Yeray comienza a explorar una distancia mayor: los 1,500 metros.

Y con esa nueva prueba también apareció otro referente.

—¿Cuáles son tus siguientes objetivos?

“Ahora estoy incursionando en los mil 500 metros y Eduardo Herrera es mi nuevo reto. Es un seleccionado mexicano que ha ido creciendo mucho. Mi objetivo es superar sus marcas, aunque todavía no soy muy constante en esa prueba. Es un nuevo desafío y buscamos llegar al nivel de ‘Lalo’”.

Su ambición deportiva ya no se limita a una sola distancia.

Aunque reconoce que todavía tiene mucho por aprender, sabe que los retos aumentarán conforme avance su trayectoria.

Y mientras proyecta nuevos objetivos, su nombre ya comenzó a figurar en el escenario internacional.

En el Campeonato NACAC Sub-18 de 2026, celebrado en Apizaco, Tlaxcala, conquistó la medalla de plata en los 800 metros planos, tras registrar 1:53.59 minutos.

Fue su primera gran recompensa internacional.

Una medalla que llegó apenas tres años después de haber comenzado a practicar atletismo.

EL RETO DE CORRER EN CASA

Para muchos atletas, competir frente a su familia y su gente representa una motivación especial.

Para Yeray Becerra, también significa una responsabilidad.

En 2027, Tamaulipas recibirá competencias de atletismo de la Olimpiada Nacional, por lo que el victorense tendrá la oportunidad de presentarse ante su público con una marca que defender y un nuevo objetivo en mente.

—¿Qué significa para ti competir en casa?

“Hoy yo soy mi propio rival. Sé que tengo que dar lo mejor de mí porque voy a estar en casa y quiero bajar mi tiempo”.

La respuesta resume buena parte de su filosofía.

Ya no se trata solamente de vencer a los corredores que aparecen en el carril de al lado, sino de enfrentarse al muchacho que, meses atrás, consiguió detener el cronómetro en 1:51.24 minutos.
Yeray también reconoce el esfuerzo de las autoridades deportivas para conseguir que competencias nacionales lleguen a Tamaulipas.

“Sé que fue un gran trabajo traer este evento a Tamaulipas. Actualmente, el INDE está haciendo todo lo posible para que esta clase de competencias lleguen al estado”.

Sin embargo, más allá de las sedes, los reconocimientos y los campeonatos, existe algo que considera fundamental para continuar su carrera.
Su familia.

LOS QUE CORREN A SU LADO

Cuando habla de sus padres, Yeray deja por un momento los tiempos y las marcas.

Su historia deportiva también está construida con los esfuerzos de quienes lo acompañaron desde sus primeras experiencias, cuando todavía no sabía que algún día representaría a México.

“La verdad, les agradezco muchísimo a mis padres, porque siempre han estado conmigo. Sé que fue difícil, y que todavía hay momentos complicados, pero sin ellos yo no sería lo que soy”.

Su familia ha estado presente en los entrenamientos, los viajes, las derrotas y las victorias.

Para él, cada medalla representa también una parte del esfuerzo de sus padres.

“Ellos me acompañan en cada una de mis aventuras, en cada competencia. Han sido parte de todo lo que he conseguido y sin ellos no tendría ninguna medalla”.

En una disciplina donde las competencias suelen definirse por segundos o centésimas, Yeray reconoce que hay cosas cuyo valor no puede medirse con un cronómetro.

Una de ellas es el respaldo de su familia.

LA PISTA, SU MEJOR AMIGA

La pista olímpica tiene 400 metros de longitud y, habitualmente, ocho carriles.

Para algunos representa un escenario de competencia. Para otros, un lugar de entrenamiento.

Para Yeray Becerra es algo mucho más personal.

“La verdad, la pista viene siendo como una amiga para mí. Es el lugar donde me siento más seguro”.

La confesión ayuda a entender la relación que ha construido con el atletismo.

Sobre el tartán no necesita demostrar nada fuera de sus capacidades. Ahí encuentra un espacio que conoce, disfruta y en el que puede concentrarse en un solo objetivo: correr.
—¿En qué piensas antes de una competencia?

“Trato de tener mi mente en blanco y enfocarme solamente en la carrera. No me gusta pensar mucho porque me pongo nervioso. Pero después del disparo todo cambia y se convierte en un reto”.
—¿Qué estrategia utilizas en los 800 metros?

“Dicen que la primera vuelta debe ser rápida, pero yo siempre he utilizado una estrategia diferente: arrancar suave y cerrar con todo. Eso me ayuda a mantener el control de la carrera”.
Su fortaleza, asegura, aparece en los últimos metros.

Cuando el cansancio comienza a cobrar factura, Yeray confía en su capacidad para cerrar con fuerza.

—¿Por qué elegiste los 800 metros y no los 400?

“Los 400 metros son una prueba muy bonita, pero necesitas mucha explosividad, y yo no tengo tanta. Necesitas una salida rápida y un buen cierre, porque eso hace mucha diferencia. Yo no tengo un arranque explosivo, pero sí tengo un buen cierre”.

La conversación también descubre un detalle que pocas veces aparece en las estadísticas deportivas.

Como muchos atletas, Yeray tiene una pequeña cábala antes de competir.

—¿Tienes algún ritual antes de correr?

“Ahorita tengo unas calcetas”.

—¿De esas que ya se paran solas?

La pregunta provoca una sonrisa.

“No, todavía no. Pero tienen que estar listas desde un día antes de la competencia, colocadas encima de mis spikes y preparadas para correr”.

Es una costumbre sencilla, casi insignificante frente a las horas de entrenamiento y los sacrificios que exige el alto rendimiento.

Pero también revela que detrás de los récords existe un adolescente que conserva sus propias supersticiones, sueños y maneras de prepararse para los grandes momentos.

A sus 16 años, Yeray Becerra todavía tiene muchas carreras por delante.

No sabe cuántas marcas podrá romper, hasta dónde llegará en los 1,500 metros o qué nuevas oportunidades encontrará representando a Tamaulipas y a México.
Lo que sí tiene claro es que, después de recorrer distintos deportes, encontró un lugar al que siempre quiere regresar.

Una pista de 400 metros.

Ocho carriles.

Un cronómetro.

Y un disparo de salida que transforma los nervios en competencia.

Porque Yeray no solamente corre para llegar primero. Corre para descubrir hasta dónde puede llegar.

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