Por Osmar De Los Santos

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- En el vibrante escenario de una final, donde la competencia es feroz y la gloria efímera, hay un personaje cuyo rol trasciende más allá de la línea de banda. Es el estratega, el líder silencioso, el arquitecto del éxito, el de las ordenes.

Esta es la crónica de ese hombre genio, detrás del campeonato de Deportivo Martínez, el auto nombrado “Mister Champions”, Raúl Santana Llamas, que se encargó de mover los hilos y jugar una apertura perfecta de ajedrez con las piezas del “Ferrari”, encaminándolas a su Tricampeonato en la Liga de Campeones de Victoria.

El reloj marcaba las 19:30 horas y Raúl Santana, mejor conocido como “Takuma”, hacía su entrada a la mítica cancha de la Enrique Borja. Terreno que él ha pisado durante muchos años siendo entrenador, padre de familia y sin duda un amante más del futbol.

Con una sonrisa de oreja a oreja, que hacía relucir su peculiar dentadura, y esa mirada ‘picante’ que lo caracteriza, Raúl portaba la playera de su actual amor, quien lo está viendo crecer en el banquillo, el que le permite ser extrovertido y él mismo, como coloquialmente se dice: “te deja hacer y deshacer”, y este, es el Ferrari Amarillo del Deportivo Martínez.

Comenzaba los calentamientos, Raúl con su tabla en mano daba las últimas indicaciones, “Chicas ya estamos en la final, hay que demostrarlo en el campo, esta es para todos”.

A las 20:13 el encargado de la justicia, Edgar Cerda hacía sonar su ocarina, junto a su escuadrón Martín Alanís (abanderado), Jesús Hernández (abanderado dos) y Saúl Barrón (cuarto árbitro) para llevar esta final.

Bastaron 30 segundos de partido para que “Takuma” diera sus primeras palabras, mientras agitaba su mano para dirigir a sus nueve guerreras “Córtala, aprieta, aprieta, no frenes”, “dale con todo Less, corta de primera”, expresaba con una cara de nerviosismo.

Ese semblante rápido cambiaba, pues el “Ferrari” abría el marcador a tan solo tres minutos de juego, “Gooooool, buena chicas, muy buena, concentradas nuevamente”, mientras aplaudía al aire.

“Takuma” no daba ni una por perdida, al más mínimo contacto, donde su defensiva era derrumbada besando el césped, se alzaba sobre la línea del campo para reclamar a todo pulmón la jugada, “Vamos Cerda, allá me marcaste una y de tarjeta, acá nada, por favor”, exclamó al silbante.

Aunque su doble personalidad, le hacía ceder cuando la acción era indefendible y su equipo era el infractor, “dale profe, bien marcado, denle ya marco, ya ni modo”, señaló puntual.

Eran las 20:34 y el segundo gol de Martínez, fue un aire de alivio para Santana, de esas veces cuando lograbas pasar ese examen difícil, tras mucho estudiar, así lo celebraba “Takuma” que terminaba abrazando a sus compañeros de banquillo Arturo Balboa y Jesús Martínez.

La media pausa solo fue un desahogo y reflexión, una platica corta con las chicas y las mandaba a relajarse, “Hey, estamos bien, hay que seguir metiéndole, no se desordenen, tomen aire, respiren”.

A las 20:57 reanudaban las acciones. Raúl continuaba con sus reproches ante el silbante, “Te encargo la amarilla Cerda, acá la sacas a la primera, es parejo, no te exhibas”, remarcó mientras veía fijo al nazareno.

El tiempo pasaba, y poco a poco Martínez se orillaba a su tercera “Champions”, así se detallaba en la trinchera del “Ferrari”, cuando Wendy Martínez sellaba el deseado campeonato con un disparo que se encajaba en el ángulo superior izquierdo, ahogando con el grito de gol la banca de las de amarillo y negro.

El silbatazo final llegó a las 21:29 horas, el viejo lobo de mar volvía a sentir la gloría y el significado de ser campeón, mientras abrazaba a sus jugadoras y miraba al cielo, esa palabra de ‘ganador’, frase tatuada en su piel a lo largo de años en el futbol amateur.

Con una sonrisa en el rostro, dirigía su mirada primero al cielo y luego hacia su destino final: el codiciado trofeo, el título anhelado por muchos, por el que todos luchan, pero solo el mejor lograría obtener. En su profundo café de sus ojos, vibraba de gozo, lo saboreaba, pues era el fruto de su trabajo, demostrando un perfil bajo y sereno, pues la humildad de un ganador es de sus cualidades.

“Takuma” fue el último en tomarse la foto del recuerdo con la “Orejona”, acompañado de su hija, Emily Santana, como en cada partido y día a día en el que llegó a convertirse en el nuevo “Mister Champions”.