México aparece en el primer lugar de obesidad a nivel mundial, cifra que llenó los titulares de noticias y que alertó a las diferentes instituciones al considerar la obesidad como un problema de salud pública. Los medios de comunicación hicieron gala de las cifras vergonzosas y los organismos gubernamentales lanzaron campañas para que la población tomara en cuenta que hacer ejercicio y llevar una buena alimentación son fundamentales para la vida diaria. Y el congreso fue aún más allá con la aprobación de un impuesto especial para los alimentos chatarra y las bebidas azucaradas, todo con tal de que el mexicano deje de comer sus papitas y tomar su refresco y que con eso deje de estar en tan penoso primer lugar en obesidad. A mi parecer el problema no son los alimentos chatarra sino la manera en que se consumen y no se trata de crear impuestos sino de reeducar a la sociedad mexicana en el tema de la alimentación y el ejercicio.

Si bien en México hay obesidad también hay un amplio mercado que gana millones de pesos anuales en productos milagro para bajar de peso y aparatos que prometen tonificar el cuerpo con menos de veinte minutos diarios de uso. A nivel general pocas personas asumimos el sobrepeso o la obesidad como un problema de salud, en la mentalidad promedio la obesidad es un problema de imagen y por eso la tratamos de manera superficial. Fajas, cremas, pastillas, dietas que se pasan de boca en boca o que se imprimen desde cualquier portal de internet, infusiones y demás remedios caseros que los mexicanos probamos para cumplir el sueño de todos: adelgazar con el mínimo esfuerzo y a costa de lo que sea.

Por otro lado, en este bombardeo de alertas por la obesidad también tenemos la imagen del físico ideal: el delgado y musculoso cuerpo de un hombre o una mujer que prometen los gimnasios. ‘Fuerte es el nuevo delgado’ (strong is the new skinny) dicen las imágenes virales de internet que se comparten en páginas de motivación deportiva y que nos inspiran para ingresar al gimnasio y esperar que en poco tiempo, como los productos milagro prometen, tengamos ese cuerpo de las fotografías, hagamos mil acrobacias y resistamos cualquier tipo de entrenamiento.

Está bien tener toda esta motivación y aspiraciones pero hay que tener cuidado con el nivel de expectativas que uno pone en su cuerpo. Hacer ejercicio es bueno para la salud, de eso no hay duda, pero obsesionarse con ello para obtener una imagen que quizá no esté en nuestro patrón genético/físico puede ser muy peligroso. Volvemos al problema de tomar nuestro peso y nuestro físico como un asunto de imagen y no de salud y en este tenor hasta ahora yo no he visto que haya suficiente información sobre los cuidados que se deben tener al momento de hacer ejercicio o practicar algún deporte. Hablando en mi experiencia y en el tiempo que llevo de entrar en contacto con la actividad física y ahora deportiva, hasta hace unas semanas visité a un médico especialmente para consultar mi estado de salud y para que evaluara mi físico de acuerdo a mis capacidades y lo medicamente conveniente y no a lo que el espejo o el cliché social dicen de como uno debe verse cuando hace ejercicio.

México tiene un grave problema de obesidad, cierto, pero también tiene un grave problema de información y de educación en temas de salud. Espero que las campañas para combatir la obesidad funcionen para crear responsabilidad en los mexicanos acerca de su cuerpo, porque reitero, el control de peso no es un tema de imagen, es un tema de salud que no se puede tratar a la ligera ni dejar que los estereotipos controlen la idea de lo que consideramos como saludable.