Hubo un tiempo en el que Ciudad Victoria tenía como frase que la definía como “Ciudad limpia, ciudad amable” y durante mucho tiempo, podría decir que toda mi infancia y parte de mi adolescencia así lo fue. Era una ciudad pequeña en la que casi todos nos quejábamos de que ‘no pasaba nada’ y que se podía recorrer caminando sin problema alguno casi a cualquier hora del día. Victoria es la ciudad donde nací y es la ciudad donde pese a todos los intentos de fuga vuelvo cada vez con diferentes perspectivas de vida, desarrollo y ¿por qué no decirlo también? resignación.
Durante años esta ciudad pequeña y tradicional no trascendía en los diarios nacionales e incluso me llegó a tocar conversar con personas de otros estados que pensaban que la capital de Tamaulipas era Tampico ya que de Victoria no se decía nada. Sin embargo hubo un momento en el que todo cambió, la amabilidad y la limpieza de mi ciudad quedaron como el recuerdo de una frase que ahora se repite con sarcasmo y un buen día de ser una ciudad tranquila pasó a ser una de las ciudades más violentas del mundo.
Me duele mi terruño, me duele ver que el victorense que antes le daba los buenos días y las buenas noches a quien pasara en el camino ahora cada que sale a la calle lleva cierta malicia y paranoia en el rostro. Me dolió mucho que la primera vez que vi a mi ciudad en los medios nacionales haya sido por el asesinato del candidato Rodolfo Torre en condiciones que aún no se aclaran y por el huracán Alex, dos eventos que tuve que ver desde Chihuahua y que marcaron la entrada de mi ciudad a los medios nacionales: como un lugar de inseguridad y de catástrofe.
Así fue como en mi ciudad donde aparentemente no pasaba nada empezó a suceder todo y no precisamente en el sentido positivo sino que todas esas historias que creíamos ajenas o que solo sucedían en lugares como Nuevo Laredo o Monterrey se repetían aquí. La gente viviendo con miedo, en un permanente estado de contingencia, recluidos en sus casas porque es más seguro encerrarse que hacer una vida normal. Todo eso me duele como victorense pero lo que me enoja como ciudadana es la indiferencia de las autoridades al respecto de lo que sucede en mi ciudad, la indiferencia a todos esos anuncios de desaparecidos que abundan en las calles, la indiferencia a las situaciones de riesgo que vivimos día con día, la indiferencia a la seguridad del pueblo mientras que los funcionarios gastan cantidades excesivas de dinero del erario público en seguridad para ellos, sus familias y hasta sus negocios.
Cd. Victoria ha tenido años difíciles y los últimos días han sido una muestra de ello, el recuerdo de la ciudad limpia y amable queda como una anécdota de que hubo un tiempo en el que en esta ciudad se podía vivir con tranquilidad. Espero que mi ciudad algún día vuelva a ser la de antes y creo que un buen comienzo para ello es que las autoridades dejen de omitir el problema de inseguridad que afecta al estado y que en sus informes no solo se den las noticias rosas del gobierno, sino que también se den las estrategias efectivas para mejorar la situación del estado en cuanto a integración y seguridad se refiere.