El cortisol ha sido señalado como responsable de distintos cambios en el cuerpo, desde el aumento de peso hasta la ansiedad cotidiana. En ese debate, también ha surgido la idea de que las mujeres lo producen en mayor cantidad que los hombres.
Sin embargo, los estudios más recientes muestran que la diferencia no es absoluta y que intervienen variables como el momento de medición y el entorno hormonal.
¿Qué es el cortisol y por qué no siempre es “la hormona mala”?
El cortisol es una hormona que producen las glándulas suprarrenales, ubicadas encima de los riñones. Forma parte del sistema que regula la respuesta al estrés, conocido como eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA).
Este sistema funciona como una cadena de mensajes entre el cerebro y el cuerpo que se activa cuando enfrentamos una situación demandante.
Lejos de ser perjudicial por naturaleza, el cortisol cumple funciones vitales:
- Ayuda a regular la presión arterial.
- Participa en el control del azúcar en la sangre.
- Contribuye a la respuesta inmunológica.
- Permite que el cuerpo disponga de energía en momentos de exigencia física o emocional.
Además, el cortisol no se libera de manera constante, sigue un ritmo circadiano, es decir, un patrón diario. Sus niveles son más altos por la mañana, especialmente durante los primeros 30 a 45 minutos tras despertar. Este aumento se conoce como Cortisol Awakening Response (CAR) y es completamente normal.
Una revisión publicada en Endocrine Reviews por la Endocrine Society explica que este pico matutino ayuda a preparar al organismo para iniciar el día. El problema no es el cortisol en sí, sino cuando permanece elevado durante periodos prolongados debido a estrés crónico o enfermedades.
Mayo Clinic también señala que el cortisol es esencial para la vida y que su desequilibrio suele estar relacionado con trastornos específicos como el síndrome de Cushing o la insuficiencia suprarrenal, no simplemente con “tener estrés”.
¿Las mujeres liberan más cortisol que los hombres?
Decir que las mujeres liberan más cortisol que los hombres de forma generalizada no es científicamente preciso.
Un estudio del Journal of the Endocrine Society analizó los niveles de cortisol en distintos fluidos corporales —como saliva, sangre y líquido cefalorraquídeo— para entender cómo varía su medición.
Los investigadores encontraron que el sexo puede influir en la forma en que se relacionan estas mediciones, pero no detectaron una regla universal que indique que las mujeres siempre presenten niveles más altos.
Esto significa que el resultado depende en gran medida del método utilizado y del contexto en el que se mida.
Otro análisis publicado en la revista científica Psychoneuroendocrinology evaluó diferencias por sexo en personas con depresión. Los investigadores observaron que algunos marcadores, como el cortisol en cabello (que refleja estrés acumulado durante semanas o meses), pueden mostrar diferencias entre hombres y mujeres.
Sin embargo, otros indicadores como la respuesta inmediata al estrés o el aumento matutino no siempre siguen el mismo patrón.
Diferencias biológicas y el papel de las hormonas sexuales
Las diferencias en la respuesta al estrés entre hombres y mujeres sí están respaldadas por evidencia científica, pero eso no equivale automáticamente a producir más cortisol.
National Science Foundation subraya que el sexo debe considerarse como variable biológica en estudios de estrés. Hormonas como el estrógeno y la testosterona pueden influir en la sensibilidad del sistema que regula el cortisol.
Esto significa que el cuerpo femenino y el masculino pueden activar la respuesta al estrés de manera diferente. Sin embargo, esa diferencia no siempre implica niveles más altos de cortisol en uno u otro grupo.
Los resultados del Journal of Applied Physiology mostraron que en fases tempranas del entrenamiento los hombres presentaban niveles más elevados, mientras que en etapas posteriores algunas mediciones fueron mayores en mujeres. También se observaron diferencias temporales en el cortisol acumulado en el cabello.