El impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud mental y física fue el eje de la columna de la doctora Lucía Crivelli, neuropsicóloga (MN 33849), Jefa de Neuropsicología en Adultos de Fleni y doctora en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada. Crivelli advirtió que “no solo son malos para el cuerpo, sino también para la cabeza”, al referirse a este tipo de alimentos que, según explicó, tienen un efecto neurotóxico directo sobre el cerebro.
Respecto al daño al cerebro, Crivelli detalló que los ultraprocesados atacan por tres vías principales: aumentan los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares que impactan en la salud cerebral; tienen efectos neurotóxicos directos provocando inflamación cerebral, especialmente en el lóbulo frontal; e impiden el consumo de alimentos saludables necesarios para el óptimo funcionamiento neurológico.
Consultada sobre la relación entre los ultraprocesados y los trastornos como el déficit de atención, Crivelli aclaró que “no hay estudios que establezcan una relación causal directa”, pero sí una correlación con mayores tasas de ansiedad y depresión, condiciones que afectan las funciones cognitivas.
La especialista subrayó que “el entorno urbano y la vida moderna” facilitan el acceso a estos productos, que “están siempre disponibles” y “a menudo más baratos”, pero recordó que “en Argentina todavía tenemos la ventaja de encontrar verdulerías en cada barrio”.
El aspecto adictivo de estos alimentos fue otro foco de su exposición. “Se comprobó que entre un 15% de los niños y un 20% de los adultos son adictos a los alimentos ultraprocesados”, indicó Crivelli, basándose en estudios realizados en Estados Unidos. Esta adicción se manifiesta mediante antojos, compulsiones y síntomas de abstinencia como ansiedad, fatiga y dolor de cabeza.
En cuanto a los alimentos específicos, aclaró que productos como los yogures naturales son procesados, pero no ultraprocesados, mientras que postrecitos, snacks y muchas variedades de helados industriales sí lo son, debido a su alto contenido de aditivos y saborizantes.
Finalmente, Crivelli hizo referencia a un estudio realizado en Brasil que siguió a una cohorte de 10.000 personas durante ocho años. “Quienes incluían en su dieta un 20% o más de ultraprocesados tenían un 30% más de deterioro cognitivo que aquellos que consumían menos. Y el dato alarmante es que el daño no se limitó a los adultos mayores, sino que también afectó a los jóvenes”, destacó.
El llamado de atención de Lucía Crivelli apunta a generar conciencia sobre la necesidad de elegir alimentos más naturales y procesados mínimamente para preservar no solo la salud física, sino también la salud cerebral a largo plazo.
