El cantante Liam Payne, conocido por formar parte del ya extinto quinteto One Direction, se siente muy “afortunado” de la vida que le ha proporcionado el estrellato.

A sus 29 años, el vocalista británico, padre de un niño llamado Bear con su expareja Cheryl Tweedy, disfruta de una satisfactoria carrera en solitario, aunque no tan exitosa como la de su excompañero Harry Styles, y recientemente completó con éxito un tratamiento de tres meses en Estados Unidos para reforzar sus nuevos patrones de vida saludable.

Con la perspectiva que le aporta la madurez y el paso del tiempo, el intérprete ha llegado a la conclusión de que sus ya superados excesos con el alcohol, que motivaron en último término su ingreso en una clínica especializada, se deben en parte a las “cicatrices” que le dejó su etapa artística de mayor popularidad: sus casi seis años en el grupo juvenil nacido del programa Factor X. Aunque no se arrepiente del camino seguido, ahora entiende que, en 2010, cuando se formó la banda, era demasiado joven para sobrellevar su incipiente fama.

“No sé realmente si sabía en lo que me estaba metiendo cuando comenzamos. Pero he estado haciendo este trabajo desde los 14 años y me siento muy afortunado de conservarlo. Es genial, pero definitivamente pienso que me ha dejado cicatrices”, ha reconocido a su paso por la emisora colombiana W Radio. “Tienes que privarte de muchas cosas cuando empiezas en esta profesión. No cambiaría nada de lo que me ha llevado hasta aquí, pero ahora creo entender mejor por qué y cómo he acabado aquí”, ha añadido.

SU SALUD MENTAL

También se refirió su salud mental. “Es una gran vida y tengo mucha gratitud, pero definitivamente hubo momentos bajos que nunca minimizaré. Se trata solo de tener a las personas adecuadas a tu alrededor en el momento adecuado y tuve la suerte de tener personas que me cuidaron las espaldas cuando estaba en mi peor momento y me ayudaron a obtener la ayuda que necesitaba y no todos tienen esa suerte”.