Hace dos meses, la vida de la familia Martínez en la ciudad costera de Huntington Beach, California, era ajetreada, pero normal. Mamá y papá trabajaban para pagar las cuentas, viendo con orgullo cómo sus hijas prosperaban: una se unió a la Marina de Estados Unidos y la otra estudia en Cal State Fullerton.
Ahora, el padre ha sido deportado a México, la aviadora de la Marina ha sido desplegada en Medio Oriente como parte de la guerra con Irán, y la estudiante universitaria de Administración de Empresas está tratando de mantener unida a su familia.
“No se siente como una familia”, dijo Ana Martínez sobre su vida actual. “Siento que nos han separado”.
Se han visto atrapados en dos políticas clave del Gobierno de Trump este año: el control de la inmigración y la guerra contra Irán. También representan una cruda realidad de los temores de millones de familias con estatus inmigratorio mixto, compuestas por inmigrantes indocumentados y ciudadanos estadounidenses.
“Pude salir sin miedo con mi familia. Pero ahora camino con un peso enorme sobre mis hombros”, dijo Ana, la hermana menor, de 19 años, a CNN.
Los Martínez eran una familia orgullosa de su tradición militar. Fotografías de su hija Jessica con uniforme adornan una pared de su sala, celebrando los logros de las niñas. Humberto solía usar su sudadera que decía “Papá de una hija en la Marina”, aunque él y su esposa Nancy estaban demasiado nerviosos para pasar por los controles permanentes de la I-5 para visitarla en la base de San Diego.
Detenido y deportado el mismo día
Ana y Humberto acababan de salir de su casa, en Huntington Beach, la mañana del 31 de enero, camino a recoger el coche del mecánico, cuando él se giró hacia ella y le dijo que no se asustara.
Se percató de que la policía los seguía y orilló su camioneta. Ana grabó con su teléfono mientras los agentes federales le decían a Humberto que debía regresar a su México natal, a pesar de que ella les gritaba que él había solicitado la regularización de su estatus. El video registró sus gritos de “¡Papi, papi!” mientras lo esposaban y se lo llevaban.
Un comunicado del Departamento de Seguridad Nacional confirmó la acción: “El 31 de enero, ICE arrestó a Humberto Martínez, un delincuente indocumentado mexicano con antecedentes penales por conducir bajo los efectos del alcohol y uso no autorizado de un vehículo. Había sido deportado de Estados Unidos cuatro veces y optó por cometer múltiples delitos graves reingresando ilegalmente a nuestro país en numerosas ocasiones. Se le emitió una orden final de deportación en 2013 y fue deportado a México por quinta vez tras ser puesto bajo custodia de ICE”.
“Bajo la presidencia de Trump […] si infringes la ley, enfrentarás las consecuencias. Los inmigrantes ilegales con antecedentes penales no son bienvenidos en Estados Unidos.”
Humberto reconoce haber entrado ilegalmente a Estados Unidos en varias ocasiones, tras llegar solo por primera vez en septiembre de 1999. “Como todo inmigrante, vine a este país buscando un futuro mejor, una vida mejor”, declaró a CNN desde Tijuana, México. Afirmó que lo llevaron en coche hacia el sur el mismo día que fue detenido en enero y enviado a cruzar la frontera.
Humberto, quien se dedicaba a instalar pisos de madera, se declaró culpable de conducir bajo los efectos del alcohol y sin licencia válida en 2004. Cumplió ocho días de servicio comunitario en lugar de una multa y tres años de libertad condicional, según consta en los registros judiciales obtenidos por CNN. Afirmó que no fue deportado. El nacimiento de sus hijas, a finales de esa década, le dio más motivos para querer estar en California.
“Más que nada, no quería que mis hijas se desviaran del buen camino ni que perdieran el control, que estuvieran sin su padre. Y, sobre todo, quería que fueran buenas mujeres, y ya lo están logrando”, dijo.
Unirse a la Marina por la patria y la familia
Ana recuerda que, durante su infancia, su familia era muy unida, iban juntos a la iglesia católica de San Joaquín y las invitaban a tomar yogur helado en una tienda del barrio.
Dijo que tenía cinco años cuando se enteró de que sus padres eran indocumentados, durante la campaña de deportación del Gobierno de Obama. Aquello generó un temor constante en su vida, aunque nunca imaginó que las leyes de inmigración separarían a su familia.
La pariente que ella sentía que abandonaría el país era su hermana Jessica, quien hablaba de alistarse en la Marina incluso cuando era niña.
“Me dio un poco de tristeza porque sabía que iba a estar más lejos de mí, pero aun así estaba orgullosa de ella porque encontró algo que realmente quería hacer”, dijo Ana.
Jessica quería servir a su país y sabía que unirse a las Fuerza Armadas les daría a sus padres la oportunidad de solicitar el permiso de permanencia temporal, que puede aplazar la deportación de familiares de militares en servicio activo, entre otros, y puede conducir a la residencia permanente legal. Jessica decoró su birrete de graduación de la escuela secundaria con banderas estadounidenses y mexicanas y una dedicatoria: “A mis padres, que llegaron sin nada y me lo dieron todo”.