Un avance «histórico» protagonizaron este jueves los jefes de Gobierno del Reino Unido, Keir Starmer, y Alemania, Friedrich Merz, con la firma en Londres del primer acuerdo bilateral entre ambos países desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. El evento tuvo lugar en el museo Victoria & Albert, en un guiño a la larga y sólida convivencia de la emperatriz británica y su consorte germano, antes de que ambos mandatarios mantuvieran una reunión en Downing Street, sede oficial del primer ministro, y compartieran un encuentro con los medios de comunicación en la factoría de Airbus en Stevenage, a unos 45 kilómetros al norte de la capital.
«La firma histórica de un histórico acuerdo… La declaración de nuestra ambición de colaborar estrechamente con nuestros aliados», dijo Starmer minutos después de rubricar el Tratado Bilateral de Amistad y Cooperación, que refuerza y amplía mutuos compromisos en Defensa e inmigración acordados en octubre de 2014. Para su homólogo alemán representa la «apertura de una página nueva en las relaciones bilaterales» casi una década después de la celebración del referéndum del Brexit, que condujo al cisma del Reino Unido con la Unión Europea. El paraguas de la UE, según recordó el dirigente democristiano, se consideró «suficiente» hasta ahora para cubrir los intereses de los respectivos socios.
El llamado Tratado de Kensington, en referencia a la ubicación londinense del museo, marca pautas y objetivos de colaboración en migración, economía, energía, medio ambiente y transporte, además de los sectores clave de seguridad y Defensa. Ofrece un «plan de trabajo práctico» en áreas de tránsito de ciudadanos en ambas direcciones o en relación con Ucrania y programas a largo plazo de desarrollo de armamento y campañas conjuntas de exportación de aparatos militares fabricados por los consorcios europeos. Merz advirtió sin embargo que la decisión sobre el veto alemán a la venta del Eurofighther Typhoon a Turquía está «en camino», pero aún no se ha tomado.
El documento firmado en Londres introduce la garantía de mutua ayuda en caso de que Alemania o Reino Unido sea atacado externamente. Está inspirada en el artículo 5 del tratado de la OTAN -un ataque contra un miembro se considera un ataque contra todos- y apunta principalmente al presidente ruso, Vladimir Putin, con el fin de disuadir la extensión de su agresiva política expansionista. Alemania es el tercer proveedor de recursos militares a Ucrania, por detrás de Reino Unido y Estados Unidos, de acuerdo con el Instituto Kiel para la Economía Mundial.
La Coalición de Voluntarios en apoyo de Kiev, que el primer ministro lanzó al inicio de su jefatura de Gobierno, estará lista para entrar en acción en cuanto se instaure un alto el fuego sostenible, según indicó Starmer en la conferencia de prensa. «Tenemos planificadores militares de diversos países, trabajando en estos planes. Son planes para el aire, el mar y también por tierra», afirmó al ser cuestionado por el envío de tropas británicas o comunitarias a Ucrania. «Son cuatro componentes», añadió en relación con el objetivo de reforzar la capacidad de Defensa y combate de las fuerzas ucranianas, «e incluyen un elemento de tierra».
El compromiso en Defensa refleja también la ambición de ambos mandatarios de «reforzar la seguridad euroatlántica». En este sentido, el líder laborista se refirió específicamente a la voluntad de su Gobierno de «potenciar» las relaciones del llamado grupo 3E -Londres, Berlín y París- en todas las esferas. No es coincidencia, por tanto, que su primer encuentro bilateral con Merz haya tenido lugar una semana después de la visita oficial del presidente Emmanuel Macron, que generó avances para frenar la migración irregular a través del Canal de la Mancha y el aún no detallado plan de «uno dentro, uno fuera» por el que Reino Unido y Francia se intercambiarán refugiados.
El trato con la coalición liderada por Merz se vuelca, en cambio, en la persecución de las mafias de traficantes humanos, que almacenan lanchas neumáticas y motores en hangares de Alemania. El canciller dio la luz verde a una reforma legislativa, acordada en principio por la anterior administración, que autorizará por primera vez las intervenciones contra la logística del negocio de traslado de refugiados que opera desde Alemania hasta las costas de Francia y Bélgica, donde embarcan rumbo a Inglaterra.
La política de Starmer de apertura a los antiguos socios europeos ha cuajado bien en la opinión pública británica. La estrategia está dando frutos particularmente a raíz del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, que ha hundido el apoyo a la asumida relación especial con EEUU y la confianza en el presidente, del 53% en 2024 al 38% un año después, según el barómetro anual del think tank British Foreign Policy Group, publicado este jueves 17.
Al mismo tiempo, el 62% de los británicos son partidarios de una mayor aproximación a Bruselas, de acuerdo con el informe. El dato se dispara al 83% de los sondeados respecto a los recientes acuerdos con la UE para profundizar la cooperación en Defensa y seguridad e incluso se mantiene en el 78% entre los que votaron en favor del Brexit en 2016.