WASHINGTON (Agencias).- Nada frena a Corea del Norte. Ni las ocho rondas de sanciones de la ONU ni el estrangulamiento económico ni las amenazas de destrucción masiva de EU. El régimen de Pyongyang puso fin ayer a más de dos meses de inactividad y lanzó un nuevo misil que, tras alcanzar una altura récord, acabó en el mar de Japón. La prueba, la vigésima del año, arruina las esperanzas de una apertura de negociaciones y reinstaura la retórica bélica que ha presidido este pulso desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
CARRERA ES CONTRARRELOJ
Los expertos de la CIA consideran que a Corea del Norte le faltan solo unos pocos meses para alcanzar su objetivo: un misil balístico intercontinental con capacidad para estrellar una bomba atómica en suelo estadounidense. Es el peor escenario, aquel que Trump ha puesto como línea roja irrenunciable. Si el tirano Kim Jong-un logra su meta, nadie se atreve a pronosticar cuál será la reacción de EU.
«No se puede aceptar que esta banda de criminales se arme con misiles nucleares. Tenemos una gran paciencia pero si nos vemos obligados a defendernos a nosotros o a nuestros aliados, no tendremos otra opción que destruir totalmente Corea del Norte. Ya es hora de que se dé cuenta de que la desnuclearización es su único futuro. El hombre cohete está en misión suicida consigo mismo”, clamó Trump en la Asamblea General de la ONU.
Tras conocer el lanzamiento, Trump, que en otras ocasiones se ha lanzado a insultar a Kim Jong-un, se mostró extrañamente circunspecto. Afirmó que había tomado nota y subrayó que la prueba no modificaba la estrategia estadounidense. «Nos vamos a ocupar de ello”, dijo crípticamente.
Su secretario de Defensa, James Mattis, destacó que se trataba de un ensayo que mostraba cierta evolución frente a los anteriores, especialmente por la altura alcanzada. Una cota que si hubiera seguido una trayectoria normalizada, según la Unión de Científicos Preocupados, habría permitido alcanzar Washington (11,000 kilómetros).