Irma batió récords con vientos “catastróficos” y “potencialmente letales” de hasta 300 km/h y ha alcanzado Puerto Rico y las Islas Vírgenes convertido oficialmente en el huracán más fuerte jamás registrado al norte del Caribe y al este de Florida.
Pero, ¿cómo llegó a convertirse en ese monstruo?
La responsable parece ser una combinación de factores, empezando por el calor. Los huracanes extraen su energía del océano: cuánto más alta es la temperatura de la superficie del mar, más húmedas, más potentes y más intensas son las tormentas. En este momento, las temperaturas de la superficie del mar a través del Atlántico ecuatorial son hasta un grado y medio más cálidas que de costumbre, por no mencionar que estamos a finales del verano, por lo que el océano está más caliente.
“El Atlántico tropical ha llegado a estar más caliente otros años pero ciertamente hace bastante calor allí ahora mismo”, explica Phil Klotzbach, experto en tormentas tropicales de la Universidad Estatal de Colorado. Klotzbach añade que “es demasiado pronto para decir conclusivamente” que esas aguas más cálidas están relacionadas con el cambio climático.
Otros expertos sugieren que el cambio climático es al menos parcialmente responsable de la ferocidad de la tormenta alimentada por el calor. Al igual que con “Harvey”, este vínculo, sin duda, seguirá siendo un tema de investigación dentro de los círculos científicos durante los próximos meses, si no es que años.