HERMOSILLO.-El impacto del derrame de 40 mil metros cúbicos de tóxicos en los ríos Bacanuchi y Sonora no es sólo en materia ambiental. El siniestro ocurrido hace 18 días en la mina Buenavista del Cobre mantiene a seis mil niños fuera las aulas y a miles de pobladores con raciones de agua limitadas, en una región donde las temperaturas máximas en esta temporada supera los 30 grados centígrados.

Pero la afectación más grave es la incertidumbre en que se colocó a los habitantes y productores agropecuarios de siete municipios de la entidad, quienes temen que los mayores daños se resientan en semanas o meses.

Hasta ahora la población afectada se calcula en 22 mil personas por las restricciones en el abasto de agua y la suspensión indefinida del ciclo escolar para casi seis mil alumnos de educación básica. En tanto, ganaderos de la zona han tenido que tirar hasta tres mil litros de leche diarios a consecuencia de la contaminación del afluente.

Sobre esto último, será esta semana cuando la Secretaría de Economía del estado rinda un estimado de las afectaciones del derrame al sector agropecuario, el cual, según algunos productores, no luce prometedor en tanto que el suceso ha provocado que en el mercado decaiga la confianza hacia sus productos.

Ejidatarios y productores agrícolas manifestaron el fin de semana su temor de que las tierras de cultivo queden inservibles por la contaminación del subsuelo. La incertidumbre es el sentimiento generalizado entre los habitantes de Banamichi, Ures, Baviácora, Aconchi, San Felipe, Arizpe y la zona rural de Hermosillo, afectados por el derrame de tóxicos en el principal afluente de la zona.

La población ha declarado en diversos medios locales que si bien han recibido apoyo inmediato de las autoridades, temen que en unas semanas o meses queden en el desamparo.

Hoy en día los habitantes de la zona reciben un garrafón diario de agua potable, además de que pasan las pipas dispuestas por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para abastecerlos del recurso, sin embargo hay pobladores que tratan de guardar las raciones que más pueden ante el miedo de que en el corto plazo dejen de recibirla y que el río continúe contaminado como para utilizar el recurso.

ejb