Octubre 19, 2026
Hay momentos en política en los que la verdad no sale de la oposición. Sale de la propia mesa donde se sirven el pastel.
Y eso acaba de ocurrir.
Mientras Morena presume encuestas, coordinaciones, registros, estructuras territoriales y una aparente ruta despejada hacia el 2027, desde el Partido del Trabajo comenzaron a escucharse sonidos extraños. No son tambores de campaña. Son rechinidos de alianza.
Resulta que el PT ahora dice sentirse relegado en el reparto de coordinaciones y acusa que Morena se adelantó a los acuerdos. Como quien organiza una carne asada entre amigos y al final se sirve primero, reparte los platos y todavía pregunta si alguien más quería carne.
Lo más interesante no es el reclamo.
Lo realmente interesante es que Arcenio Ortega Lozano fue más allá y soltó una frase que debería prender focos amarillos dentro de la llamada Cuarta Transformación: hay soberbia y la unidad está en riesgo.
Traducido al español político:
«Compañeros, se están creyendo demasiado.»
Y cuidado.
Porque la soberbia es como el colesterol electoral: no se nota al principio, pero cuando da síntomas ya trae medio organismo tapado.
Morena parece convencido de que los triunfos recientes le pertenecen exclusivamente. Como ese delantero que mete gol y olvida que detrás hubo defensa, mediocampo, entrenador, utilero y hasta quien le lavó el uniforme.
Sin embargo, la matemática electoral suele ser cruel con los excesos de autoestima.
Ganar es una cosa.
Ganar por amplio margen es otra.
Y gobernar después de ganar por mil o mil quinientos votos es una historia completamente distinta.
Por eso resulta curioso escuchar a algunos actores políticos comportarse como si el 2027 ya estuviera resuelto, cuando todavía ni siquiera terminan de acomodar a los aspirantes que se registraron para coordinaciones municipales y distritales.
Porque además existe otra enseñanza universal de la política mexicana.
Las famosas coordinaciones nunca son candidaturas…
Hasta que terminan siendo candidaturas.
Los suspirantes lo saben.
Los partidos lo saben.
Los ciudadanos lo saben.
Y probablemente hasta los postes de luz ya lo sepan.
Por eso las disputas comenzaron tan temprano.
No están peleando por una coordinación.
Están peleando por la posibilidad de aparecer primero en la fila cuando llegue el momento de repartir las verdaderas candidaturas.
Y ahí es donde aparece el problema para Morena.
Durante años, la oposición apostó a que la Cuarta Transformación se rompería.
No ocurrió.
Ahora las advertencias ya no vienen de enfrente.
Vienen desde adentro.
Desde uno de sus propios aliados.
Desde quienes ayudaron a construir victorias que hoy algunos consideran exclusivamente suyas.
Porque la historia política mexicana tiene una constante fascinante: los movimientos no comienzan a fracturarse cuando pierden elecciones.
Comienzan a fracturarse cuando algunos de sus integrantes se convencen de que ya no necesitan a los demás.
Y si algo enseña la política es que los aliados suelen ser muy leales… hasta que descubren que los invitaron a la boda solamente para llenar las mesas.