En la misma semana, funcionarios clave del Pentágono realizaron dos visitas al Caribe: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, a República Dominicana, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, a Trinidad y Tobago.

Ambas se centraron en reforzar la cooperación en seguridad y en la lucha contra el narcotráfico, en medio de la escalada de tensiones con Venezuela por el despliegue militar en la región.

Como parte del plan, se han movilizado una docena de buques de guerra, incluido el portaaviones USS Gerald Ford, y 15.000 soldados en la región, y se han realizado maniobras y ejercicios en Puerto Rico, República Dominicana y Trinidad y Tobago, en el marco de lo que el Pentágono ha denominado “Operación Lanza del Sur”.

Además, se han lanzado decenas de ataques contra embarcaciones que, según Washington, transportaban drogas y han dejado más de 80 muertos, sin que la Casa Blanca presente evidencias que respalden sus afirmaciones.

El despliegue iniciado en agosto por Estados Unidos tiene como objetivo, según Washington, combatir el narcotráfico, mientras que Caracas lo ha interpretado como un intento de cambio de régimen.

Estas operaciones han generado tensiones en la región. Trinidad y Tobago, a solo 11 kilómetros de la costa venezolana, ha expresado su respaldo al despliegue, aunque su primera ministra, Kamla Persad-Bissessar, aclaró tras la visita de Caine que el país no se utilizará como “base para ninguna guerra contra Venezuela”. Mientras que República Dominicana autorizó el uso de una base aérea militar por parte de Estados Unidos para apoyar operaciones contra el narcotráfico.

Una nueva fase de cooperación con República Dominicana: más vigilancia, más control y presencia temporal

En Santo Domingo, Hegseth se reunió con el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, quien confirmó el inició de una nueva fase de cooperación en seguridad tras la autorización del Gobierno para que aeronaves, personal técnico y equipo estadounidense utilicen áreas restringidas de la Base Aérea de San Isidro y del Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA), como parte de un operativo logístico destinado a reforzar la lucha contra el narcotráfico en la región.

Abinader explicó que el acuerdo —que sería temporal, limitado y bajo supervisión directa de las autoridades dominicanas— permitirá operaciones de reabastecimiento de combustible, transporte de equipos, apoyo técnico y coordinación aérea vinculadas a misiones estadounidenses de vigilancia e interdicción en el Caribe.

“Esta colaboración reafirma nuestro compromiso de fortalecer las relaciones con los Estados Unidos y continuar trabajando juntos contra el crimen organizado transnacional”, dijo Abinader, agradeciendo a la embajadora estadounidense Leah Francis Campos y a la delegación norteamericana.

De acuerdo con la información oficial, el Comando Sur y la Fuerza Aérea de Estados Unidos desplegarán en territorio dominicano:

  • Aviones cisterna KC-135 para reabastecimiento aéreo, ampliando la capacidad de monitoreo e interdicción en el Caribe de aeronaves de combate ya desplegadas, como los F-35 y los F/A 18.
  • Aeronaves de carga C-130 Hércules para transporte, evacuaciones aeromédicas, lucha contra incendios, reconocimiento meteorológico y asistencia en desastres.

Estas operaciones apoyarán iniciativas ya activas, como la “Operación Lanza del Sur”, orientada a enfrentar redes criminales transnacionales y tráfico ilícito de armas y drogas.

El objetivo central —según ambos gobiernos— es interrumpir operaciones ilícitas, cerrar corredores de tráfico de drogas y elevar las capacidades de detección y patrullaje en rutas que abarcan gran parte del mar Caribe.

El nuevo entendimiento se enmarca dentro del Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea de 1995 y su protocolo de 2003, que establecen que cualquier operación estadounidense debe realizarse por invitación expresa, con acompañamiento del Ministerio de Defensa y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).