Entonces, lo que siguió fue tratar de determinar qué era lo que había causado tantas lesiones y, entonces, los profesionales se sorprendieron al comprobar que todo era producto de un gusano parasitario de tres milímetros de extensión, que se movía a través de los agujeros que había realizado en el iris.
En consecuencia, el joven tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica para extirparle el parásito, de tipo trematodo, que también había causado daños en la retina. Para ello, cortaron al gusano en tres partes y así lograron retirarlo.
Su presencia no había causado ninguna infección en el ojo del paciente, quien, sin embargo, no logró recuperar la visión normal.
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