Octubre 21, 2026
Hay relaciones que están condenadas al fracaso desde el noviazgo.
Y luego está la del PRI y el PAN en Tamaulipas.
Una historia de amor tan peculiar que mientras uno sigue preguntando si se van a casar, el otro ya anda repartiendo las habitaciones de la casa.
Desde hace meses ambos partidos insisten en que existe disposición para construir una gran alianza opositora. Hablan de unidad, de sumar esfuerzos, de rescatar espacios y de construir un proyecto colectivo. Lo dicen con tanta frecuencia que casi parece una canción de fondo.
El problema es que mientras el PRI sigue hablando del «nosotros», el PAN ya empezó a hablar del «yo me quedo con esto».
Porque en distintos municipios ya circulan coordinadores, enlaces, estructuras y responsables territoriales que oficialmente no son candidatos… pero que casualmente hacen exactamente lo mismo que haría un candidato.
La figura legal cambia de nombre.
La intención no.
Y ahí es donde la telenovela se pone interesante.
Por un lado, Bruno Díaz Lara asegura que el PRI no permitirá ser utilizado, que el partido tiene perfiles competitivos, que existen municipios donde los priistas pueden encabezar proyectos y que cualquier alianza deberá respetar la identidad tricolor.
Por el otro lado, Acción Nacional parece estar aplicando la filosofía del apartado anticipado.
Como quien llega a un restaurante lleno y, antes de que abran las puertas, coloca la chamarra en tres sillas para que nadie más se siente.
El problema para el PRI es que sigue defendiendo espacios que todavía no menciona.
Habla de perfiles competitivos que todavía no revela.
Presume fortalezas que todavía no enumera.
Reclama municipios que todavía no identifica.
Y mientras el tricolor sigue en el terreno de las posibilidades, el blanquiazul ya opera en el terreno de las posiciones.
La escena es casi cómica.
Uno acomoda las fichas.
El otro recuerda que las fichas también son suyas.
Uno reparte coordinaciones.
El otro reparte advertencias.
Uno se prepara para la elección.
El otro sigue preparando las condiciones para hablar de prepararse para la elección.
Y todo esto mientras ambos aseguran que sí podrían ir juntos en las elecciones del 2027
La pregunta es sencilla: si así están negociando los lugares antes de la alianza, ¿cómo será cuando llegue la hora de repartir las candidaturas de verdad?
Porque por ahora la famosa alianza opositora se parece más a una piñata.
Todavía no la cuelgan.
Todavía no la rompen.
Pero ya se están peleando los dulces.
Porque en la política tamaulipeca hay noviazgos que prometen boda… mientras uno de los novios ya anda repartiendo la herencia.