Julio 13, 2026
Hace tres años nos juraron que la salud sería como en Dinamarca. Hoy, tres años después, los hospitales de Tamaulipas no están mejor que Dinamarca… están peor que nunca.
El HRAE de Victoria es la prueba viviente, o más bien moribunda: equipos muertos desde enero, tomógrafo y acelerador lineal convertidos en piezas de museo, y trabajadores que sacan de su bolsillo lo que el sistema les niega. El enfermero que gana ocho mil al mes paga los canisters para que no se muera el paciente. Eso no es vocación, es abandono institucional disfrazado de “humanismo”.
En Matamoros, el Hospital Pumarejo compite en ruinas con cualquier vecindad. Techos dañados, pasillos con botes para las goteras y, para rematar, sin internet. Un hospital del 2026 sin red: ni el cyber de la esquina se atreve a tanto.
Mientras tanto, Marggid Rodríguez Avendaño “coordinador estatal de IMSS Bienestar” presume que el 86% de las claves médicas están cubiertas. Adolfo Sierra, dirigente sindical lo desmintió en su cara: en el Canseco hay desabasto y los médicos entregan recetas que son más bien facturas. La señora que llora en la farmacia no necesita porcentajes, necesita la ampolleta de 800 pesos que el sistema le negó.
IMSS-Bienestar se volvió un OPD de ornato: decora, presume, maquilla. El 86% suena bonito en la mañanera, hasta que te toca ser del 14% que se muere esperando. ¿De qué sirve un coordinador estatal que no coordina ni el reporte a Telmex? ¿De qué sirve un sistema que presume abasto mientras las madres empeñan la tele para comprar la quimio?
Los hospitales no se caen solos, alguien los deja caer. El desabasto no llega solo, alguien no lo gestiona. Y la gente no se muere sola… se muere porque alguien, con sueldo de más de cien mil al mes, no hizo su chamba.
En Dinamarca el tomógrafo sirve. Aquí lo usamos de perchero. En Dinamarca la receta cura. Aquí endeuda. Porque en Tamaulipas, tres años después de la promesa, la salud no es un derecho: es una rifa. Y la mayoría de las veces… pierdes.
Porque en Dinamarca tienen hospitales que funcionan, quirófanos que operan y techos que no gotean. En Tamaulipas tenemos botes para cachar el agua, pasillos convertidos en albercas improvisadas y tomógrafos que sirven de perchero. Allá la salud es un derecho; aquí es un espectáculo de supervivencia con utilería barata