Las vitaminas son nutrientes que no solo son fundamentales para el organismo y la prevención de enfermedades, sino que juegan un papel determinante a la hora de cuidar la piel. Son 13 de ellas que resultan esenciales para el cuerpo.

Normalmente, se obtienen de los alimentos, pero en ocasiones se requiere de suplementos que permitan obtener las cantidades necesarias de las mismas. Una de las que no debería faltar en la ingesta diaria es la E, que es un potente antioxidante, por lo que protege el tejido corporal del daño causado por sustancias llamadas radicales libres, los cuales tienen la posibilidad de dañar células, tejidos y órganos.

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indica que este nutriente ayuda a mantener el sistema inmunitario fuerte frente a virus y bacterias. De igual forma, contribuye a formar glóbulos rojos y ensancha los vasos sanguíneos para evitar que la sangre se coagule dentro de ellos y le ayuda al cuerpo a utilizar la vitamina K, entre otras funciones.

Dado que se caracteriza por ser un antioxidante es buena para proteger la piel frente a los signos tempranos del envejecimiento, por ello su ingesta y aplicación es determinante pues contribuye a renovar las células del rostro para atenuar las arrugas, líneas de expresión y manchas causadas por factores dañinos como la exposición a los rayos del sol.

De acuerdo con la compañía Garnier, este nutriente favorece la protección de la piel contra agresiones externas y además de proteger contra los radicales libres ayuda a difuminar cicatrices y manchas oscuras, a prevenir las descamaciones y otras imperfecciones y a aumentar la elasticidad de la piel.

Una de las razones de estas bondades es que contiene polifenoles que protegen contra el fotoenvejecimiento y ayudan a producir colágeno naturalmente. Además, sus propiedades hidratantes y humectantes son ideales para proteger y restaurar la barrera cutánea.

¿Cómo obtener sus beneficios?

Una de las mejores formas de aprovechar los beneficios de la vitamina E es consumiendo los alimentos que la contienen. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos indican que este nutriente hace presencia en los siguientes productos.

La vitamina E se encuentra naturalmente presente en los alimentos y se agrega a ciertos alimentos fortificados. Para obtener las cantidades recomendadas de vitamina E, hay que consumir alimentos variados, como los siguientes:

Los aceites vegetales de germen de trigo, girasol y cártamo, se encuentran entre las fuentes más ricas de vitamina E. Los aceites de maíz y soja también la aportan.

Los frutos secos (como maníes, avellanas y, en especial, almendras) y las semillas (como las de girasol) son otra fuente.

Las hortalizas de hojas verdes, como la espinaca y el brócoli.

Los fabricantes de alimentos agregan vitamina E a ciertos cereales para el desayuno, jugos de fruta, margarinas y productos para untar, entre otros alimentos.

De igual forma, es viable aplicarla de manera tópica. Este es un truco que consiste en aplicar esta sustancia en el rostro durante las noches antes de dormir. Esto hará que la vitamina penetre en los poros de la piel y libere sus antioxidantes poco a poco. Sin embargo, también puedes optar por usar la vitamina E como suplemento alimenticio.

Otra forma es preparar un sérum casero rico en vitamina E. Solamente se debe mezclar el contenido de dos cápsulas de la misma con una cucharada de aceite de oliva extra virgen. Se aplican dos a tres gotas sobre la piel todas las noches y se deja que se absorba por completo. Al día siguiente, se lava la cara como normalmente se hace y se aplica una crema hidratante.

Cuando se aplica directamente en la piel es importante comprobar su compatibilidad realizando una prueba de alergia antes de aplicarla. De igual forma, es determinante aplicar protector solar cuando se realizan este tipo de tratamientos, ya que puede ser fotosensible y causar manchas al contacto con el sol.