Hacía mucho frío y estaba lloviendo cuando Tavares llegó al estudio, y detrás de él, Arnulfo Rodríguez Treviño, con un fuerte olor a menta en su boca, quizás como agradable preámbulo para refrescar la memoria de sus amigos, convertidos ahora en sus enemigos.

“¿cómo estás político?” Una frase muy suya que ya muchos conocían, porque a todos les decía lo mismo.

El profe, Arnulfo, como la primera vez, peleaba contra el sistema, porque no era bien visto, al contrario, lo querían fuera de la contienda, porque el apoyo oficial estaba ladeado hacia Abelardo Ibarra y la estructura educativa, hacía todo lo posible por disminuir su efecto bravío que para entonces iba creciendo en las redes sociales.

El golpeteo de los medios de comunicación hacía su parte también, para quitar del camino a Arnulfo, porque el temor era no poderlo controlar ante la amenaza latente de paralizar todo, para defender los derechos del sindicalismo educativo.

Tavares, se había convertido en su eficiente coordinador de prensa, y era el contacto con los periodistas que se atrevían a entrevistar a Arnulfo, porque la “línea” era no dedicar ni un espacio al profe, sin embargo, la inercia del movimiento había tomado fuerza en facebook y whatsapp.

Así transcurrió toda la campaña, en medio de un fuerte operativo en contra de Arnulfo, que por momentos parecía que nada tenía que hacer, frente a dos jóvenes maestros que también buscaban lo mismo, y no alcanzaron a leer el mensaje de los profes expresado en los flujos digitales.

Arnulfo caminaba con gigantes a su lado, porque Tavares, había sido el único líder que se había atrevido a cerrar en varias ocasiones, las oficinas de la delegación del ISSSTE en Ciudad Victoria, para exigir atención médica de calidad, para los maestros jubilados.

A nadie vi hacer eso jamás, ni siquiera al profe Arnulfo, que también tenía fama de entrón.

Los profes en retiro, tenían como única esperanza, al profe Tavares, y a decir verdad, era el único defensor ante los malos tratos de los médicos y directivos en los hospitales.

En una ocasión me comentó que, hasta su oficina, había llegado una persona armada, y Tavares lo atendió como a todos los demás, “a sus órdenes”, entonces el visitante le dijo, “no se asuste profe, nosotros somos de una organización que tiene presencia aquí, y sólo vengo a agradecerle por lo que hizo por mi madre; usted fue el único que la defendió de esos cabrones en el hospital que no la querían atender, y estamos a sus órdenes profe, cualquier cosa que se ofrezca, aquí vamos a andar”

A Tavares, lo quería mucho la gente, porque era un auténtico líder magisterial, que había hecho carrera en el sindicato como representante del SNTE en varios estados del país, y su equipo se movilizaba rápidamente cuando alguien le enviaba un borrego en barbacoa, “háblenle, a todos los periodistas, que se vengan a comer”

A Isaías, su hijo, lo conocí un día antes de que muriera su padre, y a él se debe que lo haya alcanzado en sus últimas horas, recostado en su casa, atendido por su familia y por sus amigos, y escuchando muy suave la sirenita de Rigo Tovar, que le había sintonizado su hija en el celular, grabada por él y su grupo, tocando la batería.

Y entonces me despedí de él y le tomé la mano: “descansa líder…ya has hecho mucho por nosotros, y estamos orgullosos de ti”, y a la mañana siguiente ya se había ido.