¿Cuánto valdrá el tiempo en dinero contante y sonante? Dicen los que saben que el tiempo vale oro. A mí el tiempo me sobra pero no hay casas de cambio para ir por unas cuantas monedas de dos pesos, lo estoy despilfarrando. Los que no saben dicen que el tiempo, ese impaciente, vale un cacahuate.

Un kilo de tiempo no es un kilo de tortillas que se pueda comprar en la tienda de la esquina. Vas y haces tiempo. Te apremian y apuras el paso que va al sitio donde saliste. Y el tiempo siendo otro es el mismo, como los mismos cachetes. El árbitro ya cena en su casa, de alguna manera tuvo que haber concluidos el partido. Todo es pasado.

Nadie puede cargar el tiempo en una bolsa, hacerlo bola, comerlo y vomitarlo, hacerlo futuro para más delante. Nadie puede ignorar al tiempo que es como un gusano que escarba por dentro del cuerpo y sale cuando ya no hay nadie.

El tiempo permanece en las paredes y en las paradas de los autobuses foráneos que van a los pueblos, se hace noche esperando el viento. El tiempo dibuja estéticos rastros de lluvia de las tardes, el tiempo anuncia cuando está por llegar alguien y ya es tarde. El tiempo pasa y pasa inalcanzable e incansable.

Cuando ya no puedes correr, el tiempo pasa como una tortuga y cuando corres es una liebre. En el espacio imaginas que vuelas y desde arriba ves el mundo antes de caer en tu cuenta, en tu número de fecha, en tu existencia. Antes de que el tiempo que pasa te detenga.

El tiempo es relativo como todo, pero es el que pudre, el que se lleva y esconde las cosas que luego resultan. El tiempo no vuelve en sí mismo sin nosotros.

Llegas antes de tiempo a otro mundo y eres la clave. El tiempo hace que las personas nazcan antes o después, que se recojan temprano, que se envuelvan en el viento de una tarde después del otoño, en el frío invierno.

El tiempo ese traidor de sueños, el mismo que lo ha visto todo. No nos ve a veces como para darnos un instante de silencio, un amontonamiento de grandes esperanzas. Se acaba, se cumple, termina siendo un final feliz que alguien recuerde antes de dormir.

Con el tiempo mides las consecuencias, te dan una prórroga para que cumplas otro tiempo, te dan un tiempo, te cuentan hasta tres y saltas de la nada.

Sin tiempo uno es el reloj. La pared de manos, el recurso de los pasos que se van dando en el blanco de los ojos.

Con el tiempo uno se hace viejo. Uno se hace tiempo y recuerdo de otros, olvido acaso prometido o sin quererlo. Todo pasa como el tiempo. Mundo, ahí te quedas.

Si el tiempo valiera oro habría otros ricos. Los ricos nunca tienen tiempo y no lo desean, lo que quieren es el oro, aunque les falte el tiempo. No importa, el tiempo de otro se compra, el que no se puede comprar es el de uno mismo.

El tiempo, ese bendito de las salas de espera, de los rincones del último minuto, del último segundo del checador de la puerta. El segundero incesante de una vida escrita y otra hecha a la medida o fuera de ella, sin tiempo para nada, sin noches y días, sin sueño y sin insomnio. El tiempo sin tiempo de todos nosotros.

HASTA LUEGO.