El dibujante dibuja un lápiz y está frente a la hoja. De pronto con su espada, que no es otra más que su lápiz, comienza a rayar inconscientemente como siempre hace cuando no le tiembla la menor idea de lo que hace.

La raya se cruza con otra y termina cerca de donde la otra empieza en diagonal y traza un círculo en la cima de la hoja.

El dibujante que lo habrá visto todo con los ojos entornados y terribles, acepta la idea que se dibuja y observa el montículo de tierra, el amontonamiento de varillas.

El cortapluma saca filo al lápiz y cada grumo, cada escama de carbón crea dicotomía en el suelo. Desde lo alto el dibujante también lo mira y lo confirma de pié.

Abajo en lo que es del dibujo y no del dibujante aparece un sujeto con capa. No. Es una toalla en la espalda, entre las nubes. El dibujante se retira para pulsar los lentes y toma distancia.

Cuando vuelve, el dibujo es otro. Entonces el dibujante se acerca e inyecta tinta que escurre por el trazo como un arroyo. El esgrima constante hace que el dibujante haga milagros con la tinta que escapa y empieza en otra parte del papelito.

El super héroe que ahora trepa por un edificio y el edificio mismo surgen del fondo de la mente, de los ojos turbios del dibujante.

En cualquier instante se alza la mano. El dibujante sin embargo se siente atado, por eso se mueve en diagonal. En secreto hizo una doble raya y se metió a rellenar un triángulo.

Afuera oscurece, el dibujante bosqueja las sonrisas que aún no aparecen y las dibuja sin temores. Sombras fuertes sobre la capa del super héroe que ahora vuela entre las nubes.

El dibujo se difumina pronto ante la rapidez del dibujante que huye. Se deshace como el hielo, se quema en su incendio. Habría que apagar la luz e irse. Tapar las goteras. Cerrar la botella. Superar esa guerra de guerrillas.

La espada destella en la noche y el dibujante y el dibujo van por ella, por el tiempo en el reloj, por todo lo que contenga vida.

Hace frío afuera. El dibujante no siente la temperatura ambiente. No ve sino la figura que se anticipa a la jugada. Son las 12 de la noche y el tiempo se detuvo a ver el panorama presentido, el siguiente día en la barda amarilla.

Hace días que dibuja. El corazón late ahora en la hoja y el super héroe que dibuja cobra vida y se mueve ampliamente. Dos palabras en un globo, dos ojos relucientes entre la bruma esperan al caballero de la figura.
El dibujo concluye con el desliz de una fuga. El dibujante tiene hambre, sed, comezón inoportunas, ceguera nocturna, sueño adrede, a propósito de una luciérnaga.

Adentro del dibujo la historia se cuenta sola. Las sombras del super héroe y el delincuente caen sobre otra hoja dibujada.

La hoja de la última hora entre los párpados se dobla hacia adentro, donde duermen las hojas borradas y los arrepentimientos. Todos duermen ahora. El dibujante recoge las armas y el reloj imaginario, guarda el dibujo para ir a verlo de vez en cuando.

HASTA LUEGO.