Aunque los partidos siguen siendo, según la ley, entidades de interés público e instancias superiores para la organización de la sociedad, lo cierto es que la mayoría sufrieron desgaste que se reflejó en los números de los recientes comicios. Vayamos por partes: PAN, PRI y PRD, contando con figuras de renombre nacional, fueron incapaces de postular a alguno de los suyos para la presidencia de la república; tuvieron que echar mano de los buenos oficios de don Claudio X González para que les inventara una candidatura de lo que la derecha define como sociedad civil (Lenin describe a estos exaltados como pequeñoburgueses enfurecidos). Ya conocemos los resultados de la aventura pues a la ingeniera Xóchitl Gálvez no la apoyaron los partidos (le regatearon recursos financieros); tampoco la respaldó la marea rosa como le dicen a los miles que fueron al zócalo con los colores del Instituto Nacional Electoral.

Los prianistas Alejandro Moreno, Marco Cortés, Manlio Fabio Beltrones, Manuel Añorve, Margarita Zavala, Kenia López, Miguel Ángel Riquelme, Arturo Montiel, Diego Fernández de Cevallos, Felipe Calderón, Vicente Fox, Marta Sahagún, Santiago Creel, Beatriz Paredes y algunos otros demostraron tener pies de barro pues sus partidos han descendido a representaciones mínimas. Algunos de estos figurones estarán en el senado como representantes de la minoría o como diputados plurinominales. Otros ídolos de barro o tigres de papel de los medios de comunicación también siguen rodando cuesta abajo; en esa situación se encuentran los “expertos” Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Denisse Dresser, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Pedro Ferriz de Con, Carlos Loret de Mola, Azucena Uresti, Fernanda Familiar, Ricardo Alemán, León Krauze, Leo Zuckerman, Chumel Torres, José Cárdenas y algunos más.

En Tamaulipas hemos visto caer gigantes locales de la política comenzando por los legendarios líderes sindicales como el tampiqueño Diego Navarro Rodríguez, el victorense Luis Quintero Guzmán, el matamorense Agapito González Cavazos, el reynosense Reynaldo Garza Cantú, el neolaredense Pedro Pérez Ibarra, el petrolero veracruzano-maderense Joaquín Hernández Galicia, el tampiqueño Gerardo Gómez Castillo. También han desaparecido, unos por desgaste político, otros porque se acabó su ciclo biológico, elementos destacados como el fundador de la oposición en Nuevo Laredo, Carlos Enrique Cantú Rosas, el dos veces alcalde de Reynosa, Ernesto Gómez Lira, el altamirense Juan Genaro de la Portilla, la tampiqueña Magdalena Peraza Guerra, el victorense Enrique Cárdenas González y su hermano matamorense, Jorge de los mismos apellidos. Merecen mencionarse como personajes de la política tamaulipeca los opositores Baltazar Díaz Bazán (Reynosa) y Juan Antonio Guajardo (Río Bravo).

Algunos de los mencionados fundaron dinastías que ahora representan Los Cantú Rosas de Nuevo Laredo, los Garza Elizondo de Reynosa, Los Cárdenas del Avellano de Victoria, los hermanos Cárdenas de Victoria-Matamoros-Güémez. También hemos tenido gobernadores que entran en la categoría de ídolos efímeros como los matamorenses Manuel Cavazos y Tomás Yarrington (el segundo está procesado por diversos delitos); el victorense Egidio Torre (está limpio pero prefirió irse del estado cuando terminó su gestión); el reynosense Francisco N quien se ha convertido en el emblema de la corrupción, el latrocinio, el cinismo y todas las conductas retorcidas que definen al actual PRIAN. No cabe duda, vivimos un cambio de régimen; seguirán en política los que entiendan el proceso; a otros les espera el desempleo o el anonimato.

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