El tiempo, por suerte y por desgracia, pasa para todos. Es inevitable crecer y envejecer. Y aunque a veces este paso del tiempo nos genere vértigo e incluso miedo, que nos hagamos viejos y que la vida termine en algún momento es, irónicamente, lo que hace que esta vida sea tan especial. Envejecer es parte intrínseca de vivir.

Y a partir de los 60-65 años, consideramos que una persona está ya en la etapa de vejez, con los young-old (menos de 65 años), los middle-old (entre 66 y 85 años) y los old-old (más de 86 años) como sectores poblacionales dentro de este grupo. A lo largo de esta vejez, vamos pasando por distintas fases que aluden a los cambios sociales y de interacción con el medio y personas del entorno que se producen.

Pero a nivel biológico, también podemos diferenciar distintos tipos de envejecimiento. Y es que al tratarse del conjunto de modificaciones tanto morfológicas y fisiológicas que se producen como consecuencia del paso del tiempo en edades avanzadas y hasta el momento de la muerte, la biología tiene también cosas que decir.

Y en el artículo de hoy y de la mano de, como siempre, las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a explorar las bases biológicas de los diferentes tipos de envejecimiento descritos por las ciencias biológicas y de la salud. Vamos allá.

¿Qué clases de envejecimiento existen? ¿De qué formas envejecemos?

Como hemos dicho, el envejecimiento es el conjunto de cambios morfológicos y fisiológicos que experimentamos como consecuencia del paso del tiempo y que se hacen más notorios cuando entramos en fases avanzadas de nuestra vida, las cuales conforman la vejez.

Todas las células de nuestro cuerpo se multiplican y se regeneran. Y aunque los mecanismos de replicación del ADN sean increíblemente eficientes, no son perfectos. Y tras millones de divisiones, se van acumulando mutaciones que hacen que pierdan sus propiedades fisiológicas “óptimas”. Y esto (junto con el acortamiento de los telómeros), teniendo en cuenta que, en esencia, somos el resultado de la unión de 30 millones de millones de células, se traduce en el envejecimiento.

Aun así, dependiendo de en qué fase de la vejez nos encontremos, de cómo sean estos cambios morfológicos y fisiológicos, de los desencadenantes de la aceleración, del estado de salud de la persona y de cómo se relaciona con el medio externo y con las personas de su alrededor, podemos diferenciar distintos tipos de envejecimiento. Es decir, diferentes formas de envejecer. Veámoslas.

1. Envejecimiento primario

El envejecimiento primario hace referencia a todos aquellos cambios biológicos no patológicos que experimentamos en la vida adulta y que se basan en una modificación de la morfología, pérdida de capacidades intelectuales, cambios fisiológicos, déficits sensoriales… A causa de procesos biológicos asociados al envejecimiento, vemos que “ya no somos jóvenes”.

Así pues, el envejecimiento primario se produce antes de entrar en la vejez, presentándose de forma más o menos notoria a edades más tempranas o más tardías según la genética de la persona y del estilo de vida que haya llevado. Aumento de peso, canas, caída del cabello, arrugas, deterioro de la respuesta sexual, pérdida de fuerza, disminución de la habilidad mental, etc, son las principales señales de esta primera etapa o tipo de envejecimiento.

Sea como sea, lo importante es que este envejecimiento primario tiene su origen en causas puramente biológicas, pues las propias mutaciones que se acumulan a nivel celular tras millones de regeneraciones y los daños que acumulamos por exposición al entorno hacen que surjan los “síntomas” de hacernos mayores. Y aunque empieza en edades tempranas, evidentemente continúa hasta la vejez.

Envejecimiento primario

2. Envejecimiento secundario

El envejecimiento secundario hace referencia a todos aquellos cambios conductuales y sociales ajenos (parcialmente) a los procesos biológicos que hacen que cambie el modo cómo nos comportamos y nos relacionamos con el entorno y con la gente de nuestro alrededor. Es el envejecimiento más asociado a nuestra psicología.

Se considera que, al menos en comparación con el primario (que se debe al reloj biológico de cada uno de nosotros), esta forma de envejecimiento es más prevenible o, al menos, susceptible de ser ralentizada. Y es que trabajando nuestras habilidades cognitivas y llevando un estilo de vida saludable, podemos preservar nuestra salud mental el mayor tiempo posible.

Y hemos dicho que es “parcialmente” ajeno a los procesos biológicos porque también hay que tener en cuenta que observar los cambios en nuestro cuerpo propios del envejecimiento primario puede llevarnos a sufrir con más probabilidad el impacto psicológico de este envejecimiento secundario.

3. Envejecimiento terciario

Por envejecimiento terciario entendemos todas aquellas rápidas pérdidas de capacidades morfológicas, fisiológicas y psicológicas que se producen poco tiempo antes de la muerte. Cuando la persona está llegando al final de sus días, generalmente ve su personalidad desestabilizada y un empeoramiento de todos los signos del envejecimiento primario, así como la aparición de condiciones patológicas que indican que la muerte está cerca.

La persona, tras un tiempo más o menos largo de experimentar el envejecimiento tanto primario como secundario, se hace rápidamente vulnerable. El peso de la edad cae súbitamente sobre ella y sus capacidades cognitivas se deterioran de manera marcada, al tiempo que el deterioro biológico empeora hasta que, al final, todo se apaga.

4. Senescencia

Por senescencia entendemos el envejecimiento de las células hasta que dejan de dividirse pero no mueren. Así pues, células muertas, que han llegado a un punto en el que su programada regeneración se ha detenido, se acumulan en los tejidos de nuestro cuerpo.

Estas células, sin embargo, permanecen activas y liberan sustancias químicas que resultan dañinas para los tejidos y órganos circundantes, provocando así reacciones de inflamación y lesiones biológicas que se traducen en los efectos del envejecimiento. Esta interrupción programada de la división celular nos hace ir perdiendo funciones fisiológicas de forma progresiva, constituyendo el envejecimiento normal del organismo.

5. Envejecimiento activo

El envejecimiento activo es aquel que, de acuerdo a la OMS, nos permite envejecer preservando el máximo tiempo posible nuestras capacidades físicas. Cuando envejecemos sin perder habilidades funcionales y nos podemos desenvolver con soltura en lo físico, con las evidentes implicaciones positivas en lo mental y social, decimos que estamos envejeciendo de forma activa. Llevando una buena alimentación, realizando actividad física a lo largo de toda la vida y creando un entorno saludable, podemos potenciar es forma de envejecimiento a la que todos tendríamos que aspirar.

Envejecimiento activo

6. Envejecimiento con éxito

Entendemos por envejecimiento con éxito aquel que nos permite mantenernos con vida y con una relativa buena salud física y emocional hasta los 90-100 años. Los efectos de la senescencia programada de las células se van acumulando pero no impide que disfrutemos de una larga vida. Así pues, aquella forma de senescencia natural que dura hasta hacernos casi centenarios es lo que se define como envejecimiento con éxito. De todos modos, también habría que considerar que cualquier envejecimiento, llegue cuando llegue la muerte, mientras nos permita disfrutar de la vida, es un éxito.

7. Envejecimiento saludable

Por envejecimiento saludable entendemos, de acuerdo a lo que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), aquella forma de envejecimiento en la que la persona mantiene su independencia hasta, por supuesto, entrar en el envejecimiento terciario. Cuando envejecemos libres de discapacidades físicas e intelectuales y no dependemos de otras personas, decimos que envejecemos de forma saludable.

8. Envejecimiento celular

Por envejecimiento celular entendemos aquel que tiene su causa en los daños causados por las toxinas y radicales libres sobre las células del cuerpo, las cuales sufren las consecuencias de estos componentes y, como organismo, sufrimos también los efectos en forma de pérdida de capacidades fisiológicas y propiedades anatómicas.

En esencia, es aquel envejecimiento parcialmente prevenible que se debe a la acumulación de daños celulares por causas externas al organismo (no asociadas directamente a la genética y a la senescencia celular programada), como por ejemplo la exposición a la radiación ultravioleta, el humo del tabaco, la contaminación, etc.

9. Envejecimiento hormonal

Por envejecimiento hormonal entendemos todos aquellos cambios morfológicos y alteraciones fisiológicas que se deben a un debilitamiento del sistema endocrino. Por causas internas y/o externas al organismo, la síntesis y liberación de determinadas hormonas (moléculas que fluyen por la sangre modulando la actividad de los distintos órganos y tejidos del organismo) se ve afectada por efecto de la edad, lo que nos lleva a entrar en nuevas etapas de la vida como por ejemplo la menopausia, a subir de peso, a tener la piel más seca, etc. Las hormonas juegan, pues, un papel muy importante en el desarrollo y evolución del envejecimiento.

10. Envejecimiento metabólico

Por envejecimiento metabólico entendemos todas aquellas alteraciones en nuestra fisiología y cambios en la anatomía que se deben a modificaciones en el metabolismo del cuerpo. Por desencadenantes tanto internos como externos, las células ya no procesan los nutrientes ni las toxinas de la misma forma, por lo que hay un impacto en los procesos de conversión de energía del organismo y acumulación de sustancias tóxicas que nos llevan a experimentar los efectos de la edad.

Envejecimiento metabólico